Primero en una serie sobre la historia y el futuro del concepto de enfermedad de la adicción.
¿Son el alcoholismo y otras adicciones enfermedades? Si es
así, ¿qué tipo de enfermedades son y cómo se pueden tratar mejor? Si no,
entonces, ¿de qué otra manera entendemos y respondemos a tales condiciones?
¿Necesitamos más de un concepto organizativo para abarcar los innumerables
patrones de uso nocivo del alcohol y otras drogas (AOD)? ¿Qué consecuencias
personales, profesionales y sociales surgen de estos diferentes marcos para ver
los problemas relacionados con AOD?
Tales preguntas han sido objeto de un acalorado debate en Estados Unidos durante más de 200 años. El aumento del crescendo de este debate deja abierta la cuestión de cómo este país y sus ciudadanos, y cómo nosotros, como asesores de adicciones, entenderemos y responderemos a los problemas de AOD en el siglo XXI.
¿Cómo te sentirías si supieras que viviste al lado de un
drogadicto? ¿Qué pasa si el maestro de su hijo era un alcohólico en
recuperación? ¿Cómo reaccionaría si descubriera que su hijo o hija era adicto a
las drogas?
Los adictos son un grupo muy mal entendido. Aunque la
investigación científica ha demostrado que la adicción es una enfermedad
similar a la diabetes o el cáncer, la sociedad sigue considerando a los adictos
como personas defectuosas y moralmente reprobables. El estigma de la adicción
evita que muchos de los que necesitan ayuda busquen tratamiento y obliga a las
personas a seguir escondiéndose en las sombras.
La adicción afecta a millones de personas y sus familias,
amigos y compañeros de trabajo. También tiene un costo enorme en la sociedad.
Solo informándonos y despejando los malentendidos podemos comenzar a avanzar en
la lucha contra esta enfermedad.
Esta es la misión de una mujer: educar a otras personas
sobre la adicción y ayudarlas a darse cuenta de que no están solas. Libby Cataldi, autora de Stay Close: A Mother’s Story of her Son’s
Addiction [La historia de una madre sobre la adicción de su hijo], pasó
muchos años luchando, lamentándose y sintiéndose desconcertada por la adicción
de su hijo a la heroína. Como muchos de nosotros, ella nunca había
experimentado la adicción en su propia vida y no entendía del todo el diablo
que parecía estar consumiendo a su hijo.
A través de las experiencias de Libby y su hijo Jeff, podemos aprender mucho sobre la adicción y comenzar a aclarar muchos de los malentendidos que tenemos sobre las personas que se vuelven adictas a las drogas y el alcohol.
Nora Volkow es una de las personalidades más destacadas en
el panorama de las nerurociencias contemporáneas. Egresada de la Facultad de
Medicina de la UNAM y especialista en psiquiatría por la Universidad de Nueva
York, fue pionera en el uso de técnicas de imagenología cerebral para
investigar los efectos tóxicos de las drogas y sus propiedades adictivas. Mucho
de lo que actualmente sabemos sobre lo que ocurre en el cerebro de una persona
adicta se debe a su esfuerzo. Su trabajo científico, entre cuyos frutos se
cuentan casi cuatrocientos artículos en revistas especializadas, ha sido
seminal para el conocimiento de la adicción a las drogas y sus perspectivas de tratamiento.
También ha realizado importantes contribuciones al conocimiento de la
neurobiología de la obesidad, del trastorno por déficit de atención con
hiperactividad, y al de los cambios conductuales que ocurren con el
envejecimiento. Desde el año 2003, la doctora Volkow se desempeña como
directora del National Institute on Drug Abuse (NIDA), de los Estados Unidos.
La conversación que aquí presentamos tuvo lugar durante el 37th. Annual Meeting of the Society for Neuroscience, efectuado en la ciudad de San Diego, California, en noviembre de 2007.
Existen
evidencias del papel que juega la impulsividad como rasgo en las adicciones a sustancias.
Dada la creciente fuerza con la que se ha escrito sobre la existencia de
adicciones comportamentales, resulta obligada una revisión que valore en qué
medida nos encontramos con adicciones que respondan al mismo modelo que las
sustancias, y si en estas la impulsividad juega un papel relevante.
El
presente trabajo se basa en una revisión bibliográfica y de las investigaciones
más recientes del modelo de adicción, teniendo en cuenta la impulsividad como
variable de análisis. Cada día existe un mayor número de publicaciones que
analizan la extensión de dicho modelo al ámbito comportamental. Desde aquí se
desprende que la impulsividad podría tener un papel esencial, sobre todo desde
su íntima relación con la búsqueda de sensaciones, encontrándose igualmente
asociada con frecuencia a otras patologías en un todo de difícil diferenciación.
Por lo tanto, se concluye que el modelo de adicción a sustancias puede ser aplicable al campo de las adicciones comportamentales, desde la impulsividad como antesala. No obstante, queda aún pendiente una delimitación de lo que es uso, abuso y adicción, así como de la contribución y peso de la impulsividad en este proceso.
Las drogas son sustancias que tienen potencial adictivo. Que se llegue a desarrollar una adicción depende de diversos factores individuales y ambientales. Cualquier persona puede desarrollar una adicción, tanto a drogas como a comportamientos (juego), si se encuentra sometida a estos factores, que incrementan la vulnerabilidad hacia la adicción, pues nadie la elige. Dado que la mayoría de personas que usan drogas, legales o ilegales, no desarrollan una adicción (se calcula que solo un 10%), cuesta comprender que haya algunas que no puedan controlar su consumo. Comprenderlo resulta más sencillo cuando se entiende el concepto de adicción.
Las drogas y determinados comportamientos activan el llamado circuito de recompensa cerebral y producen sensaciones agradables de bienestar, euforia o relajación. Además, se produce un condicionamiento adictivo, que se adquiere de manera progresiva, como consecuencia de la coincidencia reiterada del consumo de la sustancia con sus efectos reforzadores inmediatos. El condicionamiento adictivo es mucho más que costumbre o hábito, pues se pierde libertad para escoger entre diversas respuestas y se tiende a responder siempre con la misma ante un determinado estímulo. Son respuestas más o menos automáticas de búsqueda y consumo, siendo muy difícil resistirse a consumir en determinadas situaciones. Cuanto más grave es la adicción, mayor es también el deterioro del autocontrol y más «robotizada» es la conducta de consumir, y hacerlo moderadamente es muy difícil por la dificultad para controlar.
La adicción no puede ser separada de sus contextos familiares, económicos, psicológicos, culturales, políticos, legales…; no es solo una consecuencia del mal funcionamiento cerebral, ni de los cambios que efectivamente se producen en el cerebro. Las condiciones ambientales ponen en diferente contacto a las personas con las drogas, y además de los factores individuales (biológicos y de aprendizaje), determinan la vulnerabilidad a la adicción.
Las adicciones constituyen, según la Organización Mundial de la Salud, un trastorno mental y no un problema de voluntad o vicio. Y tienen consecuencias negativas para la salud física y mental, las relaciones interpersonales, el trabajo, los ingresos económicos, el alojamiento, y la propia libertad y autonomía.
La adicción es un complejo trastorno biológico, psicológico y social que necesita ser guiado por varias aproximaciones clínicas y de salud pública. Gracias a considerarla como un trastorno mental y no un vicio, se han desarrollado medidas preventivas, tratamientos y políticas de salud pública eficaces para abordarla.
La prevención debe fundamentarse en actuar sobre los factores que favorecen la adicción y en estimular los que protegen de su aparición. Detectar precozmente y tratar lo antes posible los trastornos adictivos resulta más sencillo y efectivo, ya que puede evitar la cronificación de la adicción y prevenir las consecuencias negativas relacionadas con la desadaptación sociofamiliar y la salud (física y mental).
La mayoría de las personas con una adicción no han hecho nunca un tratamiento. Al tomar sus propias decisiones, en muchas ocasiones en lugar de recuperarse se van “hundiendo” progresivamente. Por ello, en muchos casos requieren un tratamiento especializado por parte de un equipo de diversos profesionales (médicos, enfermeras, psicólogos, psiquiatras, trabajadoras sociales…) expertos en conductas adictivas, ya que las consecuencias de la adicción tienen repercusiones biológicas (modificaciones neurobiológicas en cerebro), psicológicas (cambios cognitivos, conductuales y emocionales) y sociales (familiares, económicas, laborales y legales).
Son factores biopsicosociales los que intervienen en la génesis de la adicción y en su mantenimiento, y también las consecuencias son biopsicosociales, lo que hace necesaria la intervención multidisciplinar. Precisamente es este enfoque multicausal el que permite explicar de manera interactiva el desarrollo de un proceso adictivo y al mismo tiempo realizar un abordaje integral. En este modelo integrador se da la misma prioridad a todas las dimensiones de la persona, individualizando el tratamiento y centrándolo en ella y no en las sustancias. Por ello ya son décadas de estrecha colaboración entre distintas disciplinas en el campo de las adicciones.
Como la adicción no es una “enfermedad contagiosa”, es fundamental el papel activo de la persona en cualquier momento del proceso adictivo, tanto para dejar el consumo de manera espontánea («recuperación natural») como en la propia recuperación durante el tratamiento, implicándose en las técnicas motivacionales, de deshabituación psicológica y de prevención de las recaídas. La adicción es un proceso perfectamente recuperable, por grave que sea. La adicción es tratable, y el mejor tratamiento es aquel que combina intervenciones psicosociales con medicación.
Reducir el estigma sobre las personas que sufren una adicción favorece tanto su incorporación a un tratamiento especializado como su posterior recuperación. Las personas con adicciones deben tener fácil acceso a un modelo asistencial multidisciplinar y a recibir una asistencia integral y de calidad, basada en el conocimiento científico, y en igualdad de condiciones que el resto de usuarios del sistema sociosanitario, evitando así que se les estigmatice.
La adicción fue
declarada oficialmente una enfermedad tratable en 1956 por la Asociación Médica
Americana. Sin embargo, la noción de que la adicción es simplemente un
problema de comportamiento persiste, y puede ser difícil para los seres
queridos e incluso el sufrimiento individual ver su adicción como una
enfermedad real. La caracterización errónea de que alguien que trata con una
adicción está mostrando una debilidad de carácter contribuye al estigma
asociado con la adicción y minimiza la difícil lucha para superar la
dependencia química.
Definir la adicción como una enfermedad es una clasificación importante, ya que significa que se tratará como un problema de atención médica, garantizando a las personas el derecho a recibir el tratamiento médico adecuado para la enfermedad y el acceso a programas privados y públicos, así como a un seguro de tratamiento. Comprender y aceptar el modelo de enfermedad para la adicción también puede ser fundamental para ayudar a las personas con adicción, así como a sus seres queridos, a comprender la enfermedad en sí misma, la calidad del tratamiento necesario y el esfuerzo sustancial requerido para superarla.
Los avances en neurociencia han evolucionado la comprensión de la adicción
Centro de
Investigación Butler | 1 de marzo de 2016
Muchas personas asumen que la adicción no es una enfermedad sino una debilidad de carácter.[1] Este concepto erróneo contribuye al estigma de la adicción y minimiza injustamente el desafío de superar la dependencia química. Los avances en neurociencia y tecnología de imágenes han evolucionado rápidamente en nuestra comprensión de la adicción y han demostrado un gran apoyo para lo que a menudo se conoce como el modelo de adicción como enfermedad cerebral. Este modelo considera los factores genéticos y ambientales que causan cambios físicos en el cerebro y es la base de muchos conceptos existentes y emergentes, que incluyen (pero no se limitan a) la predisposición genética a la adicción, las adicciones conductuales, las intervenciones de tratamiento psicofarmacológico y la adicción cruzada.
[1] Meurk,
C., Carter, A., Partridge, B., Lucke, J., & Hall, W. (2014). How is
acceptance of the brain disease model of addiction related to Australians’
attitudes toward addicted individual
¿Por qué algunas personas se vuelven drogadictas y otras no? Estudios de familias que incluyen gemelos idénticos, gemelos fraternos (mellizos), niños adoptados y hermanos sugieren que hasta el 50% del riesgo que tiene una persona de volverse adicta a la nicotina, al alcohol o a otras drogas depende de su composición genética. Descubrir las bases biológicas de este riesgo es una vía importante de investigación para los científicos que tratan de resolver el problema de la drogadicción.
ADN purificado, naranja fluorescente bajo luz ultravioleta
La genética es el estudio de los genes. Los genes son unidades funcionales de ADN que conforman el genoma humano. Proveen la información que dirige las actividades celulares básicas del organismo. Las investigaciones del genoma humano han demostrado que, en promedio, las secuencias de ADN de dos personas cualesquiera son un 99.9% iguales. Sin embargo, esa variación del 0.1% es sumamente importante: representa tres millones de diferencias en los casi tres mil millones de pares de bases en la secuencia de ADN. Estas diferencias contribuyen a variaciones visibles, como el color del cabello y la altura, y a características invisibles, como el mayor riesgo de contraer ciertas enfermedades o tener mayor protección contra ellas (por ejemplo, ataques cardíacos, derrames cerebrales, diabetes y adicción).
Algunas enfermedades, como la anemia falciforme o la fibrosis cística, son causadas por una modificación (llamada «mutación») de un solo gen. Algunas mutaciones, como las mutaciones en BRCA 1 y 2 que están asociadas con un riesgo mucho más alto de cáncer de mama y de ovarios, se han convertido en herramientas médicas clave para evaluar el riesgo de un paciente de sufrir enfermedades graves. Los investigadores médicos han tenido un éxito impactante en descifrar la genética de estos trastornos causados por un solo gen, pero la identificación de tratamientos o curas no ha sido tan simple. La mayoría de las enfermedades —incluida la adicción— son complejas, y las variaciones en muchos genes diferentes contribuyen al nivel general de riesgo o protección de una persona. La buena noticia es que los científicos están trabajando activamente para descubrir más vías de tratamiento y prevención de estas enfermedades complejas.
La conexión entre los genes y la salud: estudios de asociación del genoma completo
Los adelantos recientes en el análisis del ADN están ayudando a los investigadores a aclarar complejas interacciones genéticas por medio del examen del genoma completo de una persona realizado al mismo tiempo. Tecnologías como los estudios asociativos del genoma completo (GWAS, por su sigla en inglés), la secuenciación genómica completa y la secuenciación exómica (que examina solo los genes codificadores de proteínas), identifican sutiles variaciones en las secuencias de ADN llamadas polimorfismos de nucleótido único (SNP). Los SNP son diferencias de solo una letra del código genético de una persona a otra. Si un SNP aparece con mayor frecuencia en personas que padecen una enfermedad que en quienes no la padecen, se considera que el SNP afecta directamente la vulnerabilidad a esa enfermedad o es un marcador de otra variación que lo hace.
El GWAS y la secuenciación son herramientas sumamente poderosas porque pueden hallar una conexión entre uno o varios genes conocidos y un trastorno, e identificar genes que tal vez hayan pasado inadvertidos o no se conocían.
Por medio de estos métodos, los científicos pueden reunir más datos de las familias afectadas o usar modelos de animales y experimentos bioquímicos para verificar y comprender la conexión entre un gen y el riesgo de adicción. Esas conclusiones serán luego la base para la creación de nuevas estrategias de tratamiento e intervención.
El rol de los factores ambientales en enfermedades como la adicción
La vieja frase «se nace o se hace» podría expresarse mejor diciendo «se nace y se hace», porque las investigaciones demuestran que la salud de una persona es el resultado de interacciones dinámicas entre sus genes y el medio en que vive. Por ejemplo, tanto los factores genéticos como los relacionados con el estilo de vida —como la dieta, la actividad física y el estrés— afectan el riesgo de tener alta presión arterial. Las investigaciones del NIDA han dado lugar a descubrimientos sobre la forma en que el entorno de una persona afecta particularmente el consumo de drogas.
Por ejemplo, se ha visto que una comunidad que ofrece actividades saludables después de clase reduce la vulnerabilidad a la adicción a las drogas, y los datos indican que el acceso a la actividad física puede desalentar el comportamiento de búsqueda de drogas, un efecto que es más pronunciado en los hombres que en las mujeres.1-3
Avance de las investigaciones: se identifica un gen asociado al trastorno por consumo de cannabis
Se estima que el 30% de las personas que consumen marihuana tienen un trastorno por el consumo de cannabis, es decir, un consumo problemático y, en algunos casos, adicción. El riesgo de sufrir un trastorno por el consumo de cannabis tiene un fuerte componente genético, pero la arquitectura genética no ha sido clara. Recientemente, los científicos realizaron un estudio de asociación del genoma completo para tratar de identificar los genes que podrían poner a una persona en riesgo de consumo problemático de cannabis. Estudiaron 2,387 casos y 48,985 controles, y replicaron los resultados en otro grupo extenso. Identificaron un locus genético en el cromosoma 8 que controla los niveles de expresión del gen CHRNA2 en el cerebro. Se determinó que bajos niveles de expresión del gen CHRNA2 en el cerebelo estaban asociados con el trastorno por el consumo de cannabis, incluido el diagnóstico a una edad más temprana. Además, se halló que los factores genéticos asociados con logros educativos actuaban como protectores contra el trastorno. Los hallazgos sugieren que la subexpresión de CHRNA2 en el cerebelo (y probablemente en otras áreas del cerebro) participa en los trastornos por consumo de cannabis y ofrece un blanco potencial para las estrategias de prevención, los tratamientos y los medicamentos futuros.
La promesa de las grandes bases de datos en la investigación genética
Los científicos que realizan investigaciones genéticas han recolectado millones de datos puntuales («big data») que podrían ser útiles para otros científicos. Sin embargo, debido a diferencias en los sistemas de software y los formatos de medición, ha sido difícil compartir esos datos. Los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) han creado el programa Big Data to Knowledge (BD2K) para apoyar la investigación y el desarrollo de estrategias y herramientas innovadoras y transformadoras a fin de ayudar a los científicos a utilizar las grandes bases de datos y la ciencia de datos en sus investigaciones: https://commonfund.nih.gov/bd2k. Cuando los datos se pueden combinar y armonizar —un proceso que se llama integración de datos—, se expanden las probabilidades de identificar nueva información genética que podría dar origen a nuevos conocimientos sobre las enfermedades.
Los estudios sugieren que el consumo de drogas que hace un animal puede verse afectado por el consumo que hace su compañero de jaula,4,5 lo que indica que algunas influencias sociales pueden aumentar el riesgo o la protección. Además, la exposición a las drogas o al estrés en el entorno social o cultural de una persona puede alterar tanto la expresión como la función de los genes, lo que en algunos casos puede persistir durante toda la vida. Las investigaciones también sugieren que los genes pueden influir en la forma en que las personas responden a su entorno, lo que colocaría a algunas de ellas en mayor riesgo de contraer enfermedades.
Epigenética: donde los genes se encuentran con el ambiente
Los gemelos idénticos nacen con el mismo perfil genético. Con el tiempo, a medida que se ven expuestos a diferentes entornos y toman sus propias decisiones, su ADN se marca con información que puede afectar el comportamiento, el riesgo de adicción e incluso la respuesta al tratamiento. Algunos de estos cambios se pueden transmitir a las generaciones futuras. Esto se llama epigenética.
La epigenética es el estudio de los cambios funcionales, y a veces heredados, en la regulación de la actividad y la expresión de los genes que no dependen de la secuencia genética.6 «Epi» significa «por encima» o «además de». Las exposiciones al entorno y las elecciones que hace una persona pueden efectivamente «marcar» —o remodelar— la estructura del ADN a nivel de la célula o incluso a nivel del organismo completo. Por ello, si bien cada tipo de célula del cuerpo humano contiene efectivamente la misma información genética, los sistemas regulatorios epigenéticos permiten el desarrollo de distintos tipos de células (por ejemplo, células epidérmicas, hepáticas o nerviosas) en respuesta al entorno. Estas marcas epigenéticas pueden afectar la salud e incluso la expresión de las características que se transmiten a los hijos. Por ejemplo, el consumo de cocaína que hace una persona puede marcar el ADN y aumentar la producción de proteínas que son comunes en la adicción. Los niveles más elevados de estas proteínas alteradas se corresponden con conductas de búsqueda de drogas observadas en animales.
Las histonas, para brindar otro ejemplo, son como bobinas de proteína que proveen una estructura organizacional para los genes. Los genes se enrollan alrededor de las histonas y se ajustan o aflojan para controlar la expresión genética. La exposición a las drogas puede afectar ciertas histonas y modificar la expresión genética en áreas localizadas del cerebro.7 La ciencia ha demostrado que la manipulación de enzimas que modifican las histonas y de las proteínas que se adhieren puede ser promisoria en el tratamiento de los trastornos por consumo de drogas 8-10
La creación de conjuntos de datos multidimensionales que incluyen e integran información genética y epigenética proporciona conocimientos únicos sobre los procesos de genética molecular subyacentes en las causas y las consecuencias de la drogadicción. El estudio y empleo de estos tipos de datos para identificar los factores biológicos que participan en el uso indebido de sustancias es cada vez más importante, porque los avances tecnológicos han mejorado la capacidad de los investigadores de aislar procesos cerebrales o genes individuales que pueden brindar información útil para crear nuevas intervenciones de prevención y tratamiento.
Avance de las investigaciones: genes que participan en la adicción
Un grupo internacional de más de 100 científicos utilizó una extensa base de datos para recolectar información sobre los comportamientos relacionados con el consumo de tabaco y alcohol. Midieron conductas como, por ejemplo, la edad en que comenzaron a fumar y la edad en que dejaron, la cantidad de cigarrillos diarios y la cantidad de bebidas semanales. Luego, establecieron referencias cruzadas entre esos hallazgos y los sucesos de la vida (como los años de estudio), las características físicas (como la frecuencia cardíaca y el nivel de colesterol) y las enfermedades sufridas (como trastornos de salud mental o diabetes tipo 2). Los investigadores correlacionaron esos resultados con genes específicos que se sospechaban en varios tipos de consumo de drogas. Descubrieron12 que había más de 400 ubicaciones en el genoma y al menos 566 variantes entre estas ubicaciones que influyen en el consumo de drogas y alcohol, lo que aproxima a la ciencia a identificar conglomerados de genes que podrían participar en la adicción. El estudio incluso identificó nuevos genes y funciones que no se esperaba que cumplieran una función importante en la adicción. Tres de las ubicaciones genéticas (identificadas como CUL3, PDE4B, PTGER3) se conectaban con todos los fenotipos de consumo de tabaco y alcohol que se midieron.
La genética y la medicina de precisión
Los médicos clínicos con frecuencia encuentran una gran variabilidad en la forma en que los pacientes responden a un tratamiento. Parte de esa variabilidad se debe a la genética.
Los genes influyen en la cantidad y el tipo de receptores del cerebro de una persona, la rapidez con que el organismo metaboliza las drogas y la forma en que responde a distintos medicamentos. Conocer más sobre las bases genéticas, epigenéticas y neurobiológicas de la adicción permitirá el avance de la ciencia de la adicción.
Los científicos podrán convertir este conocimiento en tratamientos nuevos dirigidos a blancos específicos en el cerebro o a estrategias de tratamiento, lo que recibe el nombre de farmacogenómica. Esta ciencia emergente promete aprovechar el poder de la información genómica para mejorar los tratamientos para la adicción adaptando el tratamiento a la composición genética específica de una persona. Esto se conoce como medicina de precisión. Al conocer la información genómica de una persona, los proveedores de servicios de la salud estarán mejor equipados para proporcionar a los pacientes los tratamientos y dosis de medicamentos más apropiados y evitar o reducir al mínimo las reacciones adversas.
Programa de investigación genética del NIDA
La misión de la División de Neurociencia y Comportamiento (DNB) del NIDA es avanzar en la ciencia del consumo de drogas y la drogadicción por medio de la investigación básica y clínica de la neurociencia biomédica y el comportamiento. El departamento de Genética, Epigenética y Neurociencia Evolutiva de la DNB apoya la investigación de los mecanismos genéticos, epigenéticos y evolutivos subyacentes en el consumo y el uso indebido de drogas y la drogadicción.
Para llevar a cabo su misión, la DNB crea y respalda un programa de investigación externo que brinda conocimientos sobre los mecanismos neurobiológicos y conductuales de las drogas de las que se abusa y sus consecuencias. La investigación patrocinada por la DNB brinda información importante y fundamental para evitar el consumo de drogas y la drogadicción o intervenir cuando ocurren.
Puntos para recordar
Los genes son unidades funcionales de ADN que conforman el genoma humano. Proveen la información que dirige las actividades celulares básicas del organismo.
Los cambios en los genes, llamados mutaciones, causan enfermedades.
La secuenciación genética es una herramienta sumamente poderosa porque puede identificar una conexión entre un gen o genes conocidos y un trastorno, y puede identificar genes que tal vez hayan pasado inadvertidos o no se conocían.
La salud de una persona está determinada por sus genes y el ambiente en que vive.
La epigenética es el estudio de cambios funcionales, y a veces heredados, en la regulación de la actividad y la expresión de los genes que no dependen de la secuencia genética.
Los científicos están usando estudios de genes para elaborar medicamentos precisos que se pueden adaptar a cada paciente.
Referencias
1. Smith MA, Pitts EG. Access to a running wheel inhibits the acquisition of cocaine self-administration. Pharmacol Biochem Behav. 2011;100(2):237-243.
2. Ogbonmwan YE, Schroeder JP, Holmes PV, Weinshenker D. The effects of post-extinction exercise on cocaine-primed and stress-induced reinstatement of cocaine seeking in rats. Psychopharmacology (Berl). 2015;232(8):1395-1403.
3. Zlebnik NE, Carroll ME. Effects of the combination of wheel running and atomoxetine on cue- and cocaineprimed reinstatement in rats selected for high or low impulsivity. Psychopharmacology (Berl). 2015; 232(6):1049-1059.
4. Strickland JC, Smith MA. Animal models of social contact and drug self-administration. Pharmacol Biochem Behav. 2015;136:47-54.
5. Smith MA, Pitts EG. Social preference and drug self-administration: a preclinical model of social choice within peer groups. Drug Alcohol Depend. 2014;135:140-145.
6. Chadwick LH. The NIH Roadmap Epigenomics Program data resource. Epigenomics. 2012:4(3):317-324.
7. Heller EA, Cates HM, Peña CJ, et al. Locus-specific epigenetic remodeling controls addiction- and depression-related behaviors. Nat Neurosci. 2014;17(12):1720-1727.
8. Maze I, Covington HE 3rd, Dietz DM, et al. Essential role of the histone methyltransferase G9a in cocaineinduced plasticity. Science. 2010:327(5962):213-216.
9. Renthal W, Nestler EJ. Histone acetylation in drug addiction. Semin Cell Dev Biol. 2009;20(4):387-394.
10. Covington HE 3rd, Maze I, Sun H, et al. A role for repressive histone methylation in cocaine-induced vulnerability to stress. Neuron. 2011;71(4):656-670.
11. Demontis, D, Rajagopal, VM, Thorgeirsson, TE, et al. Genome-wide association study implicates CHRNA2 in cannabis use disorder. Nature Neuroscience. 2019;22(7):1066–1074
NOTA: Este documento analiza las conclusiones derivadas de la investigación sobre los enfoques eficaces de tratamiento para el abuso de drogas y la drogadicción. Si usted tiene necesidad de tratamiento, puede llamar a la línea gratuita de asistencia de la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental de Estados Unidos (Substance Abuse and Mental Health Services Administration, SAMHSA) desde cualquier punto del país, o visitar www.findtreatment.gov (en inglés), donde encontrará teléfonos de asistencia, servicios de orientación y opciones de tratamiento en cada estado
¿Qué es la drogadicción?
La drogadicción es una enfermedad crónica que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo o incontrolable de la droga a pesar de las consecuencias perjudiciales que acarrea y los cambios que causa en el cerebro, los cuales pueden ser duraderos. Estos cambios en el cerebro pueden generar las conductas dañinas que se observan en las personas que se drogan. La drogadicción es también una enfermedad con recaídas. La recaída ocurre cuando una persona vuelve a consumir drogas después de haber intentado dejarlas.
El camino hacia la drogadicción comienza con el acto voluntario de consumir drogas. Pero con el tiempo la capacidad de una persona para decidir no consumir drogas se debilita. La búsqueda y el consumo de la droga se vuelven compulsivos. Esto se debe mayormente a los efectos que tiene la exposición a la droga durante largo tiempo en la función cerebral. La adicción afecta las zonas del cerebro que participan en la motivación y la recompensa, el aprendizaje, la memoria y el control del comportamiento.
La adicción es una enfermedad que afecta tanto el cerebro como el comportamiento.
¿Se puede tratar la drogadicción?
Sí, pero no es simple. Como la adicción es una enfermedad crónica, una persona no puede simplemente dejar de consumir drogas unos pocos días y curarse. La mayoría de los pacientes necesitan atención a largo plazo o repetida para poder dejar completamente las drogas y recuperar su vida. El tratamiento de la adicción puede ayudar a una persona a:
dejar de consumir drogas
mantenerse alejada de las drogas
ser productiva en la familia, el trabajo y la sociedad
Principios de un tratamiento eficaz
De acuerdo con la investigación científica realizada desde mediados de la década de 1970, todo programa eficaz de tratamiento debería tener como base los siguientes principios fundamentales:
La adicción es una enfermedad compleja pero tratable que afecta el funcionamiento cerebral y el comportamiento.
No existe un tratamiento único que sirva para todos.
Las personas necesitan tener acceso rápido al tratamiento.
El tratamiento eficaz abarca todas las necesidades del paciente, no solo el consumo de drogas.
Continuar con el tratamiento durante todo el tiempo que sea necesario es un factor clave.
La orientación psicológica y otras terapias conductuales son las formas más comunes de tratamiento.
Los medicamentos son a menudo una parte importante del tratamiento, especialmente cuando se combinan con terapias conductuales.
Los planes de tratamiento se deben evaluar con frecuencia y se deben modificar como sea necesario para adaptarlos a las necesidades cambiantes del paciente.
El tratamiento debe abordar también otros posibles trastornos mentales.
La desintoxicación con ayuda clínica es solo la primera etapa del tratamiento.
No es necesario que el tratamiento sea voluntario para que sea eficaz.
El consumo de drogas durante el tratamiento se debe vigilar constantemente.
En los programas de tratamiento se hacen pruebas de VIH/sida, hepatitis B y C, tuberculosis y otras enfermedades infecciosas y los pacientes aprenden las medidas que pueden tomar para reducir el riesgo de contraer esas enfermedades.
¿Cuáles son los tratamientos para la drogadicción?
Son varias las opciones de tratamiento para la drogadicción que han dado buenos resultados. Entre ellas se cuentan:
orientación conductual
medicación
aplicaciones y dispositivos médicos que se usan para tratar los síntomas de abstinencia o instruir al paciente sobre el desarrollo de nuevas aptitudes
evaluación y tratamiento de problemas concurrentes de salud mental, como la depresión y la ansiedad
seguimiento a largo plazo para evitar la recaída
Contar con una gama de servicios asistenciales en un programa personalizado de tratamiento y tener opciones para el seguimiento pueden ser cruciales para el éxito del programa. El tratamiento debe incluir servicios médicos y de salud mental como sea necesario.
El seguimiento puede incluir sistemas de apoyo para la rehabilitación basados en la comunidad o en la familia.
¿Cómo se usan los medicamentos en el tratamiento de la drogadicción?
Los medicamentos se pueden utilizar para controlar los síntomas de abstinencia, evitar la recaída y tratar otros trastornos concurrentes.
Abstinencia. Los medicamentos ayudan a suprimir los síntomas de abstinencia durante la desintoxicación. La desintoxicación no es por sí misma «tratamiento», es solo el primer paso del proceso. Los pacientes que no reciben ningún tratamiento después de la desintoxicación por lo general vuelven a consumir drogas. Un estudio de instituciones dedicadas al tratamiento de la adicción reveló que en casi el 80% de las desintoxicaciones se utilizaron medicamentos (SAMHSA, 2014). También se están empleando dispositivos para aliviar los síntomas de abstinencia. En noviembre del 2017, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (U.S. Food and Drug Administration, FDA) agregó una nueva indicación para un dispositivo de estimulación electrónica, el NSS-2 Bridge, para su uso como elemento de ayuda para atenuar los síntomas de abstinencia de los opioides. Este dispositivo se coloca detrás de la oreja y envía pulsos eléctricos para estimular ciertos nervios cerebrales.
Prevención de la recaída. Los pacientes pueden tomar medicamentos para ayudar a reestablecer la función normal del cerebro y reducir los deseos intensos de consumir la droga. Existen medicamentos para tratar la adicción a los opioides (heroína, analgésicos recetados), al tabaco (nicotina) y al alcohol. Los científicos están desarrollando otros medicamentos para tratar la adicción a los estimulantes (cocaína, metanfetamina) y al cannabis (marihuana). Quienes consumen más de una droga—algo muy común—necesitan tratamiento para todas las sustancias que consumen.
Opioides: Para tratar la adicción a los opioides se usan la metadona (Dolophine®, Methadose®), la buprenorfina (Suboxone®, Subutex®, Probuphine®, Sublocade™) y la naltrexona (Vivitrol®). La metadona y la buprenorfina actúan en los mismos puntos del cerebro que la heroína y la morfina; eliminan los síntomas de abstinencia y reducen los deseos intensos de consumir la droga. La naltrexona bloquea los efectos de los opioides en los sitios receptores del cerebro y se debe usar solamente en pacientes que ya han completado la fase de desintoxicación. Todos los medicamentos ayudan a mitigar las conductas que llevan a buscar la droga y a cometer delitos, y hacen que los pacientes sean más receptivos a las terapias conductuales. Un estudio del NIDA reveló que una vez comenzado el tratamiento, la combinación de buprenorfina y naloxona sumada a una formulación de naltrexona de liberación prolongada son similarmente eficaces para tratar la adicción a los opioides. Dado que es necesario completar la desintoxicación para realizar el tratamiento con naloxona, comenzar el tratamiento con consumidores activos fue difícil, pero una vez completada la desintoxicación ambos medicamentos demostraron ser similarmente eficaces.
Tabaco: Las terapias de reemplazo de nicotina abarcan varias formas, entre ellas parches, aerosoles, goma de mascar y pastillas. Estos productos son de venta libre. La FDA ha aprobado dos medicamentos recetados para tratar la adicción a la nicotina: el bupropión (Zyban®) y la vareniclina (Chantix®). Estos medicamentos actúan de manera diferente en el cerebro, pero ambos ayudan a evitar las recaídas en las personas que están tratando de dejar el tabaco. Los medicamentos son más eficaces cuando se combinan con terapias conductuales tales como la terapia individual y grupal y las líneas telefónicas de ayuda para dejar el tabaco.
Alcohol:La FDA aprobó tres medicamentos para el tratamiento del alcoholismo, y un cuarto (el topiramato) parece dar buenos resultados en los ensayos clínicos (estudios a gran escala con seres humanos). Los tres medicamentos aprobados son los siguientes:
Naltrexona: bloquea los receptores opioides que participan en los efectos de recompensa generados por el consumo de alcohol y en el deseo intenso de la bebida. Reduce las recaídas al consumo excesivo y es sumamente eficaz en algunos pacientes. Las diferencias genéticas podrían tener un efecto en cuán bien actúa la droga en ciertos pacientes.
Acamprosato (Campral®): puede reducir los síntomas de abstinencia duradera, como el insomnio, la ansiedad, el desasosiego y la disforia (un estado opuesto a la euforia en el que la persona no se siente bien ni feliz). Es posible que sea más eficaz en pacientes con adicción grave.
Disulfiram (Antabuse®): interfiere con la descomposición del alcohol. Si el paciente bebe alcohol, se acumula acetaldehído en el organismo, lo que produce reacciones desagradables que incluyen sofocos (enrojecimiento y calor en la cara), náuseas y latido irregular del corazón. La observancia (tomar la droga en la forma indicada) puede ser un problema, pero el medicamento puede ayudar a los pacientes que están muy motivados para dejar de beber.
Trastornos concurrentes: Hay otros medicamentos disponibles para tratar posibles trastornos de salud mental, como la depresión o la ansiedad, que podrían estar contribuyendo a la adicción de la persona.
¿Cómo se emplean las terapias conductuales en el tratamiento de la drogadicción?
Las terapias conductuales ayudan a los pacientes a:
modificar su actitud y su comportamiento con respecto al consumo de drogas
aumentar sus aptitudes para llevar una vida sana
continuar con otras formas de tratamiento, como por ejemplo los medicamentos
Los pacientes pueden recibir tratamiento en muchos sitios diferentes con enfoques variados.
El tratamiento conductual ambulatorio incluye una variedad de programas para pacientes que visitan un consejero especialista en salud conductual en forma regular. La mayoría de los programas incluyen orientación individual o grupal sobre las drogas, o ambas. Estos programas generalmente brindan formas de terapia conductual tales como:
terapia cognitivo conductual, que ayuda a los pacientes a reconocer, evitar y afrontar las situaciones en las que es más probable que consuman drogas
terapia familiar multidimensional, desarrollada para adolescentes con problemas de abuso de drogas y sus familias. Esta técnica abarca una variedad de influencias sobre las pautas de consumo de drogas del paciente y su propósito es mejorar el funcionamiento general de la familia
entrevistas motivacionales, que aprovechan al máximo la disposición del paciente para modificar su comportamiento e iniciar el tratamiento
incentivos motivacionales (control de contingencias), que utilizan el refuerzo positivo para alentar la abstinencia de las drogas
A veces el tratamiento es intensivo al comienzo, cuando el paciente asiste a varias sesiones ambulatorias cada semana. Luego de finalizar el tratamiento intensivo, pasa al tratamiento ambulatorio regular—menos horas por semana y reuniones menos frecuentes- para ayudarlo a mantener la rehabilitación. En septiembre del 2017 la FDA autorizó la comercialización de la primera aplicación móvil, reSET®, para ayudar en el tratamiento de los trastornos por consumo de drogas. Esta aplicación está pensada para usarse en combinación con el tratamiento ambulatorio de los trastornos por consumo de alcohol, cocaína, marihuana y estimulantes. En diciembre de 2018, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) aprobó una aplicación médica móvil llamada reSET® para ayudar en el tratamiento de los trastornos por consumo de opioides. Esta aplicación es una terapia cognitivo-conductual que se obtiene con receta médica y debe utilizarse conjuntamente con un tratamiento que incluya buprenorfina y aplique el control de contingencias. Encontrará más información sobre reSET® en este comunicado de prensa de la FDA.
Tratamiento con ingreso o residencial: también puede ser muy eficaz, particularmente para quienes tienen problemas más graves (incluido algún trastorno concurrente). Los establecimientos residenciales habilitados para brindar tratamiento ofrecen atención estructurada e intensiva las 24 horas, que incluye alojamiento protegido y atención médica. Estos establecimientos residenciales de tratamiento pueden aplicar una variedad de métodos terapéuticos y generalmente están orientados a ayudar al paciente a adoptar un estilo de vida sin drogas ni actividad delictiva después del tratamiento. Estos son ejemplos de algunos tipos de tratamiento residencial:
Comunidades terapéuticas: son programas sumamente estructurados en los que los pacientes generalmente permanecen en una residencia por un período de seis a doce meses. Toda la comunidad, incluido el personal que brinda tratamiento y quienes están en rehabilitación, actúan como agentes clave de cambio e influyen en la actitud, el entendimiento y la conducta del paciente con respecto al consumo de drogas. Infórmese más sobre las comunidades terapéuticas en el Informe de investigación sobre comunidades terapéuticas (en inglés).
Tratamiento residencial a corto plazo: se enfoca típicamente en la desintoxicación y brinda orientación intensiva inicial y preparación para el tratamiento en un entorno comunitario.
Alojamientos de rehabilitación: brindan a los pacientes alojamiento supervisado de corta duración y a menudo ofrecen otros tipos de tratamientos con internación o residenciales. Un alojamiento de rehabilitación puede ayudar a la persona a realizar la transición hacia una vida independiente —ayudándola, por ejemplo, a aprender a administrar sus finanzas o buscar empleo— y conectarla con servicios de apoyo en la comunidad.
Las dificultades de la reinserción
El abuso de las drogas modifica el funcionamiento cerebral, y son muchas las cosas que pueden desencadenar un deseo intenso de consumir drogas en el cerebro. Es crítico que quienes están en tratamiento, particularmente las personas que están internadas en un centro de rehabilitación o están en la cárcel, aprendan a reconocer, evitar y manejar los factores desencadenantes con los que probablemente se enfrentarán después del tratamiento.
¿El tratamiento de las personas encarceladas es diferente?
La investigación científica desde mediados de la década de 1970 ha demostrado que el tratamiento del consumo de drogas puede ayudar a muchos delincuentes a modificar sus actitudes, creencias y conductas relacionadas con el abuso de drogas, evitar la recaída y alejarse efectivamente de la vida delictiva y el abuso de las drogas. Muchos de los principios del tratamiento de la drogadicción son similares para las personas que están en la cárcel y para quienes no lo están. Sin embargo, una gran cantidad de detenidos no tiene acceso al tipo de servicios que necesita. Un tratamiento de baja calidad o que no se adapte bien a las necesidades de la persona puede no ser eficaz para reducir el consumo de drogas y la conducta delictiva.
Además de los principios generales de tratamiento, algunas consideraciones específicas para quienes están detenidos incluyen:
El tratamiento debería incluir el desarrollo de aptitudes cognitivas específicas para ayudar al recluso a modificar las actitudes y creencias que llevan al abuso de drogas y al delito, tales como sentirse con derecho a que las cosas sean a su manera o no comprender las consecuencias de su conducta. Esto incluye aptitudes relacionadas con el pensamiento, la comprensión, el aprendizaje y la memoria.
La planificación del tratamiento debería incluir servicios personalizados dentro de la institución correccional y también la transición al tratamiento comunitario una vez que la persona sale de la cárcel.
Es importante que exista coordinación constante entre quienes brindan el tratamiento y los tribunales o los agentes que supervisan la libertad condicional o vigilada para abordar las complejas necesidades de quienes han salido de la cárcel y vuelven a insertarse en la sociedad.
¿Cuántas personas reciben tratamiento para la drogadicción?
Según la Encuesta Nacional sobre el Consumo de Drogas y la Salud de SAMHSA, 22.5 millones de personas (el 8.5% de la población de Estados Unidos) de 12 años o más necesitaban tratamiento por un problema de consumo de drogas ilícitas* o alcohol en el 2014. Solo 4.2 millones (el 18.5% de quienes necesitaban tratamiento) recibieron algún tipo de tratamiento para el consumo de drogas ese mismo año. De esas personas, alrededor de 2.6 millones recibieron tratamiento en programas de tratamiento especializados (CBHSQ, 2015).
*El término «ilícito» se refiere al consumo de drogas ilegales, incluida la marihuana de acuerdo con las leyes federales, y al abuso de medicamentos recetados.
Puntos para recordar
La drogadicción se puede tratar, pero no es simple. El tratamiento de la adicción debe ayudar a que la persona:
deje de consumir drogas
se mantenga alejada de las drogas
sea productiva en la familia, el trabajo y la sociedad
Un tratamiento exitoso consta de varios pasos:
desintoxicación
orientación conductual
medicación (para la adicción a los opioides, el tabaco o el alcohol)
evaluación y tratamiento de problemas concurrentes de salud mental, como la depresión y la ansiedad
seguimiento a largo plazo para evitar la recaída
Hay medicamentos y dispositivos que se pueden utilizar para controlar los síntomas de abstinencia, evitar la recaída y tratar otros trastornos concurrentes.
Las terapias conductuales ayudan a que los pacientes:
modifiquen su actitud y comportamiento con relación al consumo de drogas
aumenten sus aptitudes para llevar una vida sana
continúen con otras formas de tratamiento, como por ejemplo los medicamentos
Quienes se encuentran dentro del sistema de justicia penal podrían necesitar servicios terapéuticos adicionales para tratar eficazmente los trastornos por consumo de drogas. Sin embargo, muchos de los detenidos no tienen acceso al tipo de servicios que necesitan.
La drogadicción se define como un trastorno crónico y recurrente caracterizado por la búsqueda y el consumo compulsivos de la droga pese a sus consecuencias negativas.† Se la considera un trastorno cerebral porque genera cambios funcionales en los circuitos del cerebro que participan en la recompensa, el estrés y el autocontrol. Esos cambios pueden persistir aún mucho tiempo después de que la persona haya dejado de consumir drogas.
La adicción es muy similar a otras enfermedades, como por ejemplo, una enfermedad cardíaca. Ambas perturban el funcionamiento normal y sano de un órgano del cuerpo, tienen graves efectos perjudiciales para la salud y son, en muchos casos, prevenibles y tratables. Sin tratamiento, pueden durar toda la vida y causar la muerte.
Fuente: Facing Addiction in America: The Surgeon General’s Report on Alcohol, Drugs, and Health Modificado con autorización de Volkow et ál. 1993.
Nota: Estas imágenes obtenidas por tomografía por emisión de positrones (TEP) comparan el cerebro de una persona con antecedentes de un trastorno por consumo de cocaína (centro y derecha) con el cerebro de una persona que no tiene antecedentes de consumo de cocaína (izquierda). La persona que ha tenido un trastorno por consumo de cocaína tiene niveles más bajos del receptor de dopamina D2 (ilustrado en rojo) en el núcleo estriado—según se observa un mes después (centro) y cuatro meses después (derecha) de haber dejado de consumir cocaína—, en comparación con una persona que no consume la droga. Se advierte que el nivel de receptores de dopamina en el cerebro del consumidor de cocaína es más alto a los cuatro meses (derecha), aunque no ha retornado a los niveles que se observan en quien no consume la droga (izquierda).
¿Por qué las personas consumen drogas?
En general, las personas consumen drogas por varias razones:
Para sentirse bien. Las drogas pueden producir sensaciones intensas de placer. A esta euforia inicial le siguen otros efectos que varían según la droga que se consuma. Por ejemplo, con estimulantes como la cocaína, después de la euforia siguen sensaciones de poder, autoconfianza y más energía. En contraste, a la euforia que causan los opioides como la heroína le siguen sensaciones de relajación y satisfacción.
Para sentirse mejor. Algunas personas que sufren de ansiedad social, estrés o depresión comienzan a consumir drogas para intentar sentirse menos ansiosas. El estrés puede ser un factor importante para comenzar y continuar el consumo, y también influye en las recaídas (es decir, la vuelta al consumo de drogas) de los pacientes que se están recuperando de la adicción.
Para desempeñarse mejor. Algunas personas sienten presión para mejorar su concentración en la escuela o el trabajo, o para mejorar sus habilidades deportivas. Esto puede ser un factor para quien decide probar drogas o continuar consumiéndolas, particularmente en el caso de los estimulantes recetados o la cocaína.
Por curiosidad y presión social. En este sentido, los adolescentes en particular corren mayor riesgo, porque la presión de los compañeros puede ser muy fuerte. La adolescencia es un período de desarrollo durante el cual la presencia de factores de riesgo—como los amigos que consumen drogas—puede llevar al consumo de estas sustancias.
Si las drogas hacen que las personas se sientan bien o mejor, ¿cuál es el problema?
Cuando una persona comienza a drogarse, tal vez perciba lo que parecen ser efectos positivos. También puede sentir que es capaz de controlar el consumo, pero las drogas se pueden apoderar muy rápido de la vida de una persona. Con el tiempo, si el consumo de la droga continúa, otras actividades placenteras se vuelven menos placenteras y la persona tiene que consumir la droga solo para sentirse normal. El control de la necesidad de consumir la droga se hace difícil, aun cuando el consumo cause muchos problemas para quien la consume y para sus seres queridos. Es posible que algunas personas comiencen a sentir la necesidad de consumir mayores cantidades de droga o consumirla con más frecuencia, incluso en las etapas iniciales del consumo. Estas son las señales de la adicción.
Aun el consumo relativamente moderado de drogas es peligroso. Por ejemplo, un bebedor social embriagado puede conducir un vehículo y convertir muy rápidamente una actividad placentera en una tragedia que afecte muchas vidas. El consumo ocasional de drogas, como tomar un opioide para lograr un estado de euforia o high, puede tener efectos igualmente desastrosos, entre ellos la disminución de la capacidad para conducir y la sobredosis.
¿Las personas eligen continuar consumiendo drogas?
La decisión inicial de consumir drogas por lo general es voluntaria. Pero con el consumo continuo, la capacidad de una persona para autocontrolarse se puede deteriorar gravemente. Esta disminución del autocontrol es el sello distintivo de la adicción.
Estudios de imágenes cerebrales de personas adictas muestran cambios físicos en las zonas del cerebro esenciales para el buen juicio, la toma de decisiones, el aprendizaje, la memoria y el control del comportamiento. Estos cambios ayudan a explicar el carácter compulsivo de la adicción.
¿Por qué algunas personas se vuelven drogadictas y otras no?
Como sucede con otros trastornos y enfermedades, la probabilidad de volverse adicto varía según la persona, y no hay un factor único que determine si alguien se convertirá en drogadicto. En general, cuantos más factores de riesgo tiene una persona, más posibilidades tiene de que el consumo de drogas la lleve al abuso y a la adicción. Los factores de protección, por su parte, reducen el riesgo de adicción. Tanto los factores de riesgo como los de protección pueden ser ambientales o biológicos.
No hay un factor único que determine si una persona se volverá drogadicta.
¿Qué factores biológicos aumentan el riesgo de adicción?
Los factores biológicos que pueden afectar el riesgo de una persona de convertirse en drogadicta incluyen los genes, la etapa de desarrollo en la que se encuentra, e incluso el sexo y la raza. Los científicos estiman que los genes—incluidos los efectos que los factores ambientales tienen en la expresión génica de una persona (llamados epigenética)—representan entre un 40% y un 60% del riesgo de adicción de una persona. Además, el riesgo de consumo y adicción a las drogas es mayor en los adolescentes y en las personas que sufren de trastornos mentales que en otros grupos.
¿Qué factores ambientales aumentan el riesgo de adicción?
Los factores ambientales son los que se relacionan con la familia, la escuela y el vecindario. Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de una persona se cuentan:
El hogar y la familia. El ambiente del hogar, especialmente durante la niñez, es un factor muy importante. Los padres o familiares mayores que consumen drogas, abusan del alcohol o transgreden las leyes pueden aumentar el riesgo de que un niño tenga problemas con las drogas en el futuro.
Los compañeros y la escuela. Los amigos y otros compañeros pueden tener una influencia cada vez mayor durante la adolescencia. Los adolescentes que consumen drogas pueden convencer hasta a quienes no tienen factores de riesgo de que prueben las drogas por primera vez. Tener dificultades en la escuela o poseer pocas habilidades sociales puede aumentar aún más el riesgo de que un niño consuma drogas o se vuelva adicto.
¿Qué otros factores aumentan el riesgo de adicción?
El consumo desde muy joven. Si bien el consumo de drogas a cualquier edad puede causar adicción, las investigaciones indican que cuanto más joven comienza a drogarse una persona, más posibilidades tiene de sufrir problemas graves. Es posible que esto se deba al efecto perjudicial que las drogas pueden tener en un cerebro todavía en desarrollo. También podría ser el resultado de una combinación de factores tempranos de carácter social y biológico, entre ellos la falta de un hogar o una familia estable, el abuso físico o sexual, los genes o una enfermedad mental. De todas maneras, el hecho cierto es que el consumo a temprana edad es un fuerte indicador de problemas futuros, incluida la adicción.
La forma en que se consume la droga. Fumar una droga o inyectarla en las venas aumenta el potencial de adicción. Tanto las drogas que se fuman como las que se inyectan llegan al cerebro en segundos y producen una poderosa oleada de placer. Sin embargo, esa sensación intensa de placer se puede desvanecer en pocos minutos. Los científicos consideran que este marcado contraste lleva a ciertas personas a repetir el consumo para intentar recapturar el momentáneo estado de placer.
Imágenes del desarrollo del cerebro en niños y adolescentes sanos (entre 5 y 20 años de edad)
A medida que el cerebro madura, las experiencias van podando las conexiones neurales excesivas y reforzando las que se utilizan con más frecuencia. Muchos científicos opinan que este proceso contribuye a la reducción constante del volumen de materia gris que se observa en la adolescencia (ilustrada en la imagen con la transición de amarillo a azul). A medida que las fuerzas del medio ambiente ayudan a determinar qué conexiones se debilitarán y qué conexiones crecerán, los circuitos que emergen en el cerebro se vuelven más eficaces. Sin embargo, este proceso puede ser un arma de doble filo, porque no todas las pautas de comportamiento son deseables o saludables. El ambiente es como un artista que crea una escultura cincelando el mármol y quitando lo que sobra; de la misma manera que los artistas malos pueden crear obras malas, los entornos con factores negativos (como drogas, malnutrición, acoso o falta de sueño) pueden crear circuitos eficientes pero potencialmente dañinos que conspiran contra el bienestar de una persona.
El cerebro continúa desarrollándose hasta la edad adulta y experimenta cambios drásticos durante la adolescencia.
Una de las zonas del cerebro que continúa desarrollándose durante la adolescencia es la corteza prefrontal, aquella parte del cerebro que permite evaluar situaciones, tomar buenas decisiones y controlar las emociones y los deseos. El hecho de que esta parte crítica del cerebro de los adolescentes esté todavía en formación los coloca en una situación de mayor riesgo de probar drogas o de continuar consumiéndolas. El consumo de drogas durante esta etapa del desarrollo puede causar cambios en el cerebro con consecuencias profundas y duraderas.