Ayudar a los seres queridos a motivar a los alcohólicos para que se traten a sí mismos

Alrededor del 80% de los pacientes dependientes del alcohol continúan su consumo sin pedir ayuda. La decisión de tratarse a menudo llega tarde, cuando las repercusiones en la salud y la vida social se han instalados. Motivar a estos pacientes para que busquen atención antes de tiempo es difícil porque, por lo general, están en negación o ambivalencia acerca de un cambio. Ayudar a los seres queridos de estos pacientes suele ser útil porque pueden influir en su comportamiento y alentarlos a iniciar una solicitud de atención. Un nuevo enfoque basado en técnicas cognitivo-conductuales que utilizan refuerzo positivo en el sistema familiar (en inglés: Community reinforcement and family training o CRAFT) está demostrando ser un método eficaz para este tipo de atención. Hemos practicado este método con nuestros pacientes ambulatorios y presentamos nuestra experiencia.


Origen:

Sekera, E.; Danis, D.; Gache, P.; Gabris, G. (2003): Aider les proches pour motiver les malades alcooliques a’ se soigner. Alcooloqie et Addictoloqie 2003; 25 (1): 47-49

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Ayudar a los seres queridos a motivar a los alcohólicos para que se traten a sí mismos.

Coadicción: El “salvador” del adicto

Coadicto es el que persigue, indaga, grita, e intenta que su otro deje de consumir drogas y/o alcohol, pero sin resultados positivos.

La coadicción es un estado emocional que puede sufrir la persona más cercana de un adicto, usualmente un familiar, que crece en paralelo a la enfermedad de la adicción (alcoholismo y drogadicción).

El codependiente o coadicto llega a pensar que sin su aportación, ayuda, colaboración, salvación e intervención, su familiar sufrirá y no se salvará. Piensa –erróneamente- que es el único que puede hacer que pare el consumo.

Para entenderlo mejor, la coadicción se empieza a desarrollar con los primeros indicios de consumo del enfermo adicto. Inicialmente el coadicto está en una etapa de negación del consumo, cuando el individuo presenta los primeros contactos con drogas, el familiar rechaza lo que observa y lo minimiza. 

Luego vienen los sufrimientos. Se produce una relación de codependencia psicológica, en la cual el familiar habla, persigue, indaga, grita, hace jurar al adicto, lo compromete a que deje de consumir drogas y/o alcohol, sin resultados positivos. 

Se crea una relación de desconfianza y conflicto por asumir el control de la vida del individuo que consume, ya que éste pierde la capacidad del manejo de sus emociones y las responsabilidades de la vida.

Esta patología se presenta con mayor incidencia de padres a hijos y viceversa, seguido por parejas de esposos; de tal manera que los padres lo interpretan como desamor y asumen el manejo de la vida de sus hijos, lo cual estimula el sobrecontrol de tiempos y espacios, pero sin resultados positivos, creando más dependencia hacia el adicto y su vida. En esta patología suelen presentarse seguimientos y persecuciones para tener el control de los adictos.

El familiar pasa largas horas de sufrimiento y desvelo esperando que algo de lo que haga logre parar el consumo; pero, al no suceder, se crea mayor dependencia psicológica con el adicto.


Origen:

Rimassa Chiriboga, A. (2014): Coadicción: El “salvador” del adicto. En Revista Vive, 2014

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Coadicción: El “salvador” del adicto.

Terapia Familiar y Adicciones

En el presente trabajo, se describe el fenómeno de la adicción cómo un problema familiar. No sólo por cómo la familia es afectada, sino por la manera en que ésta participa, no en la génesis de la misma sino en el mantenimiento de las conductas consideradas como parte de la enfermedad. Por lo mismo, se describen características que la familia presenta descritas en la literatura especializada de terapia familiar (Stanton y Todds, 1988) y que han sido corroboradas en la práctica clínica qué contradicen muchas de las ideas populares sobre familias de adictos tales como: desintegración familiar, descuido familiar, deseos de llamar la atención, madres que trabajan y otros. Las características mencionadas en la literatura son: Dependencia química multigeneracional (generalmente alcohol). Propensión al juego y a mirar T.V. Conspicuamente no esquizofrénica. Fuertes relaciones externas como refugio generalmente después de un conflicto. Ilusión de independencia mayor gracias a la subcultura de la droga. Expresión del conflicto más primitivo. Alianzas entre miembros y subsistemas explícitas. Prácticas de crianza y necesidades “simbióticas”. Predominio de temas relacionados con la muerte y muertes prematuras, inesperadas y repentinas dentro de la familia. Y disparidad cultural padres-hijos.

Menciona un modelo de Terapia Familiar con bases estratégico – estructurales utilizado para abordar a la familia del adicto en dos Clínicas de Internamiento con un programa similar de cinco semanas y presenta los resultados del tratamiento en los usuarios del modelo en un período de dieciocho meses. Ambas clínicas a pesar de tener un programa similar, presentan diferencias en cuanto a instalaciones y el nivel socio económico de los usuarios. El terapeuta familiar fue el mismo en ambas intervenciones. La presentación se hace dividiendo el contenido en tres tópicos: La adicción como un fenómeno familiar, una breve descripción de los aportes que las escuelas de terapia familiar desde una óptica sistémica hacen al tratamiento de familias de adictos –adicto incluido-, algunos resultados de investigaciones en terapia familiar con adictos, y se describe el modelo de abordaje y los resultados basados en la recaída o no en el uso de las sustancias.

El presente trabajo describe el fenómeno de la adicción cómo un problema familiar. Menciona un modelo utilizado para abordar a la familia en una Clínica de Internamiento con un programa de cinco semanas y presenta los resultados del tratamiento en los usuarios del modelo en dos clínicas en un período de nueve meses. Para facilitar la descripción, se ha dividido el contenido en tres tópicos: La adicción como un fenómeno familiar, una breve descripción de la terapia familiar desde una óptica sistémica, algunos resultados de investigaciones en terapia familiar con adictos, y se describe el modelo de abordaje y los resultados en la recaída o no en el uso de las sustancias.


Origen:

Ramírez Villaseñor, Alberto (2001): Terapia Familiar y Adicciones. Un enfoque práctico con resultados prácticos.Revista Internacional de Psicología ISSN 1818-1023 Vol.2 No.1

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Terapia Familiar y Adicciones.

La codependencia en familias de consumidores y no consumidores de drogas: estado del arte y construcción de un instrumento

El término ‘codependencia’ ha sido ampliamente utilizado en la literatura clínica, especialmente asociado con problemas de alcohol y abuso de drogas; pero hay muy poca evidencia empírica que lo sustente. En este estudio se diseñó un instrumento para evaluar CD con base en tres categorías: Focalización en el otro / Negligencia de sí mismo; No Afrontamiento; y Sobre-Control. Se seleccionaron 151 personas involucradas en una relación afectiva con un consumidor de drogas, y 150 fueron escogidas al azar como grupo de control. Se utilizaron 4 escalas: codependencia, autoestima, aspectos familiares y depresión. El análisis factorial demostró que el factor Sobrecontrol se superpone con el de Focalización y mostró uno nuevo, la necesidad compulsiva de ayudar. Autoestima y depresión también se superponen. Hay diferencias significativas entre hombres y mujeres que requieren un análisis más exhaustivo; se encontraron diferencias importantes entre los grupos en lo relacionado con las prácticas de crianza.


Origen:

Pérez Gómez, Augusto; Delgado Delgado, Diana (2003): La codependencia en familias de consumidores y no consumidores de drogas: estado del arte y construcción de un instrumento. Psicothema 2003. Vol. 15, nº 3, pp. 381-387

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La codependencia en familias de consumidores y no consumidores de drogas: estado del arte y construcción de un instrumento.

11 señales de que es codependiente

Origen:
Parada, Mayte (2017): 
11 signes que vous êtes codépendant. août 14, 2017 – Des Relations

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¿Qué es la codependencia?

¿Alguna vez has sentido que estás tratando con personas con problemas que necesitan mucha atención o son adictas? ¿Su vida se ha vuelto inmanejable como resultado de vivir con una persona que es adicta o tiene un trastorno de abuso de sustancias, es adicta al juego, es mental o físicamente abusiva, o incluso estado de ánimo regularmente? Esta persona puede ser un adulto, un niño, una pareja romántica, un cónyuge o un padre.

La codependencia puede desarrollarse en el contexto de una relación difícil, como las que se experimentan con un adicto o un miembro de la familia que vive con una enfermedad mental no tratada. Codependencia significa que ha tenido que adaptar su comportamiento para poder «gestionar» los impactos del problema, en lugar de poder participar activamente en una relación más equitativa. Como resultado, ha permitido que el comportamiento de otra persona lo afecte y esto puede haberle pedido que intente controlar el comportamiento de esa persona.

¿Cuáles son los signos de la codependencia? Melody Beattie, experta en el campo y autora de Codependent No More, penetra profundamente en el corazón de esta condición, analiza los currículos de desarrollo, así como los medios por los cuales podemos liberarnos de sus modelos de conducta inadaptada. La siguiente lista identifica 7 de las características principales de la codependencia.

Apoyo

Tiende a pensar y sentirse responsable de los demás de una manera exagerada, encargándose de sus sentimientos, pensamientos, acciones, bienestar y puede sentir ansiedad cuando otros tienen un problema. Esto te deja con la sensación de estar obligado a ofrecer tu ayuda para ayudarlos a resolver su problema, dándoles consejos o sugerencias. Varias veces se ha comprometido demasiado y se da cuenta de que ha abandonado su rutina para responder o hacer algo por alguien. Cuando se le pregunta cuáles son sus deseos y necesidades, realmente no sabe qué decir. Si lo sabes, dices que estos deseos y necesidades no son importantes.

Bajo valor personal

A menudo tomas las cosas personalmente. A menudo te encuentras preguntándote por qué tienes tantos problemas para tomar decisiones y tienes miedo de cometer errores. No acepta elogios ni alabanzas porque no se siente capaz de hacerlo. Puede provenir de una familia problemática, reprimida o disfuncional donde se le enseñó o se le hizo sentir que no está en condiciones de hacerlo. Te sientes culpable por gastar dinero en ti mismo o pagar por cosas divertidas o no esenciales. A menudo dices que no puedes hacer nada bien. Este es el predictor más fuerte de la codependencia.   

Límites bajos

Usted dijo que no toleraría ciertos comportamientos por parte de otros, pero gradualmente incrementó su tolerancia hacia esos comportamientos de otros hasta que pudo hacer las cosas que dijo que nunca haría. Dejas que otros te lastimen y quizás aún dejes que te lastimen, lo que te ha enfadado. A veces te preguntas por qué te sientes tan herido.

Falta de confianza

Realmente no confías en ti mismo, tus sentimientos, tus decisiones u otros. Encuentras que estás tratando de confiar en personas que no merecen tu confianza. Si eres una persona religiosa, puedes sentir que has perdido la fe y la confianza en Dios o que Dios te ha abandonado.

Problemas con la sexualidad.

Usted es una persona que se cuida en el dormitorio y le resulta difícil preguntar qué necesita en la cama. A menudo tienes relaciones sexuales cuando realmente no lo quieres o cuando prefieres estar entrelazado, consolado y amado. Es posible que haya perdido interés en el sexo o que encuentre razones para evitar tener relaciones sexuales. No habla sobre el sexo o sus dificultades en el dormitorio, e intentó tener relaciones sexuales mientras se sentía enojado o herido. Incluso puede tener renuencia sexual hacia su pareja. Es posible que haya tenido fantasías sexuales con otras personas o haya considerado tener una relación extramatrimonial.

Dificultades con el control.

Sientes que no tienes control y, por lo tanto, intentas controlar los eventos y las personas a través de la indefensión, la culpa, la coerción y el dar consejos. Te sientes controlado por los eventos y las personas que a menudo te llevan a sentirte frustrado y enojado. Te has asustado con la idea de permitir que otros sean quienes son y que los eventos ocurran naturalmente. Tus intentos de controlar las cosas fracasan y te encuentras con que estás enfadando a la gente.

dependencia

Encuentras que toleras el abuso para mantener el amor de los demás. Esto lo deja con la sensación de estar atrapado en su relación y le preocupa que sus seres queridos lo dejen. Te rodeas de los demás y buscas relaciones que te harán sentir bien. Encuentras que pierdes interés en tu propia vida cuando amas a alguien. Realmente no te tomas el tiempo para ver si otras personas son buenas para ti y estás desesperado por el amor y la aprobación. Te das cuenta de que a menudo buscas amor de personas que no pueden amar.

obsesión

Se siente ansioso por los problemas y otros, tiende a preocuparse por problemas menores. Pasas mucho tiempo pensando y hablando de los demás, tiendes a comprobar con frecuencia lo que les está pasando a las personas. Ha intentado atrapar a las personas con comportamientos comprometedores y ha permitido que estos tipos de comportamientos interrumpan su rutina diaria. A menudo se pregunta por qué se siente cansado y no puede avanzar y terminar las cosas que está haciendo.

cólera

A menudo te sientes asustado, herido o enojado y puedes vivir con alguien que siente lo mismo. Tienes miedo de la ira de los demás y tienes miedo de enojarlos. Te encuentras castigando a los demás por hacerte sentir enojado. Has sentido vergüenza por sentirte enojado. Te sientes controlado por la ira de los demás.

negación

Te encuentras fingiendo que algunas situaciones no son tan malas como lo son en realidad, o ignoras los problemas por completo. A menudo te sientes confundido, deprimido o enfermo. A veces mientes cuando ves que los problemas empeoran o empiezas a creer las mentiras que otras personas te han dicho. Te has vuelto demasiado devoto de tu trabajo que te mantiene ocupado para que no tengas que pensar o lidiar con los problemas de los demás.

supresión

Esto puede ser difícil de detectar en sí mismo, sin embargo, es posible que tenga miedo de dejarse ser quien es. Pareces rígido y controlado en la percepción de los demás, cuando en realidad no eres realmente así.

Estos rasgos no son exhaustivos y no cubren todos los aspectos de la codependencia, pero indican una dependencia de otras personas, sus estados de ánimo, comportamientos, enfermedades o bienestar, y especialmente su amor. Los co-dependientes parecen estar controlando a otros, pero actualmente están controlados por otros. Parecen fuertes por fuera, pero a menudo se sienten indefensos por dentro.

Si sientes que esto te describe, hay esperanza. Con ayuda profesional, puedes trabajar para liberarte de estos patrones de comportamiento aprendiendo a cuidarte y comunicar tus necesidades a los demás, aprendiendo a amarte, aprendiendo a aceptar y viviendo tu vida.

Publicado por Mayte Parada, PhD

Centro de Terapia de Montreal

Fuente:

Beattie, M. (1987). Codependent no more: How to stop controlling others and start caring for yourself . HarperCollins, Nueva York, NY.


La codependencia

Origen:
Medrotox Valais (2005):
La Codepéndance

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Primer mecanismo

La primera forma de codependencia puede explicarse por el contacto prolongado con un alcohólico o adicto con el deseo de ayudarle a dejar de consumir.

De hecho, es una adaptación progresiva a una situación de desestructuración.

Comportamientos de conveniencia

  1. Negar que la persona está enferma
    a. Esperar comportamiento racional y razonamiento.
    b. Esperar que la persona pueda controlarse
    c. Aceptar la culpa (o la culpa)
  2. Consumir con el adicto.
  3. Justificar los comportamientos del adicto.
    (Es por causa de su esposa, de su trabajo, de su luto …)
  4. Reprimir sus sentimientos, caminar sobre cáscaras de huevo, no hacer olas.
    No buscar ayuda por sí mismo.
  5. Evitar el conflicto: la paz a toda costa
  6. Minimizar: «No es tan malo»
  7. Proteger la imagen profesional y social para protegerse de la vergüenza.
  8. Hacer aquello que es responsabilidad del adicto.
    Reparar los platos rotos.
    Situarse entre la persona y su crisis. esa es la única cosa que puede motivarle. Atenuar las consecuencias. Prolongar el problema.

Dinámica relacional de la codependencia

La evolución paralela de la dependencia y la codependencia

Segundo mecanismo

El segundo mecanismo de la codependencia tiene sus raíces en la infancia. Los adictos afectivos reproducen en sus relaciones adultas las funciones de supervivencia que aprendieron durante su infancia.

Algunas características de los dependientes afectivos

– Tienen dificultades con su identidad.

– Tienen dificultades para reconocer y asegurar sus necesidades.

– No conocen sus límites.

– No aprendieron a comunicarse.

– Ya no pueden confiar

– Desarrollaron una gran tolerancia para comportamientos inapropiados.

La codependencia en profesionales

En la base: la responsabilidad, la vergüenza, el miedo a ser abandonado / la necesidad de aprobación.

Características:

  1. Falta de conocimiento y poco interés en la codependencia.
  2. El miedo a la resistencia en el codependiente.
  3. Una necesidad de aprobación y malestar para confrontar al cliente.
  4. El deseo de ser un héroe profesional, brindar apoyo, en lugar de enfrentar realmente la situación.
  5. Una negación de las propias necesidades de comprensión y de apoyo.
  6. Activismo excesivo y falta de autoestima.


TOCA FONDO

El limbo de las buenas intenciones

Origen:
Marcheti, Marion (2018):
Les limbes des bonnes intentions.
En un pas en avant, oct, 2018

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Cuando el deseo de ayudar a los demás es autodestructivo, se necesitan cuestionamientos y autoayuda. ¿Cómo puede un forjador forjar los barrotes de una prisión? ¿Qué mecanismos existen y cómo se pueden evitar las trampas? Viaje al corazón de la codependencia.

Su tono dramático le ganó un lugar en el cine: el famoso «¡después de todo lo que hice por ti! Encaja de manera melodiosa en las escenas de discusiones y rupturas, conmueve al público, condiciona la secuencia y da un nuevo impulso al guion. Este tipo de reproche, que puede parecer trivial, revela, cuando se observa a diario, una disfunción relacional poco conocida, la de la codependencia.

¿Me salvarás? 

https://blogs.letemps.ch/marion-marchetti/wp-content/uploads/sites/258/2018/10/triangle-de-karpman-1-300x253.png

Para entender mejor este fenómeno, las teorías de Stephen Karpman resultan ser reveladoras. En 1968, este psiquiatra desarrolló un modelo de análisis transaccional que resume el funcionamiento que puede romper una relación de ayuda mutua. Para ello, establece tres roles formando un triángulo: el salvador, el perseguidor y la víctima. Según él, este esquema se establece, por ejemplo, cuando una persona adopta la posición del salvador e «interviene para ofrecer ayuda sin tener los medios para ayudar o sin haber sido invitada»[1] . Este es el papel que la persona codependiente adopta regularmente. Al mismo tiempo, le pregunta a su interlocutor como una víctima que no puede manejar una situación y está privada de sus responsabilidades. El codependiente salvador ofrece sus esfuerzos de todo corazón hasta que siente una falta de gratitud por los servicios que ha prestado, lo que lo enojará y lo llevará a reprochar al otro por ser desagradecido. Es en este momento cuando el triángulo entra en movimiento, porque el salvador se percibe a sí mismo como una víctima y coloca al otro en una posición de perseguidor. La víctima inicial, mientras tanto, también se siente perseguida por los reproches de su ex salvador, lo que eventualmente genera conflictos donde todos se sienten descuidados e incomprendidos.

Orígenes en la infancia

La persona codependiente se encuentra regularmente (y, a menudo, inconscientemente) en el corazón de un baile de rol que ningún participante gana. Este patrón puede ocurrir en situaciones inocuas, como un servicio a un colega, pero también puede ocurrir en un nivel más alto y a largo plazo, especialmente en relaciones abusivas o poco saludables. Esta consecuencia de la codependencia también resulta ser su origen, ya que, según varios teóricos de la pregunta, «la familia disfuncional conduce a la […] codependencia. Es un universo en el que las responsabilidades para con otros se asumen en detrimento de las responsabilidades para uno mismo «[2] . De hecho, uno de los denominadores comunes de los diferentes codependientes es una infancia que pasa cerca de un ser querido que sufre de una adicción, ya sean sustancias bioquímicas, alimentos, alcohol, etc. Del juego o cualquier otro tipo de dependencia. Esto hace que el niño adopte un comportamiento de salvador que mantiene hasta la edad adulta. Como explica Daniela Danis, psicóloga especializada en temas de adicción, «la persona dependiente está obsesionada con el deseo de ayudar a una persona adicta a salir de su adicción, sin los medios y sin las limitaciones». Una intención loable, pero cuya implementación finalmente resulta ser contraproducente.

Papel del daño

«El codependiente se posiciona a sí mismo como un salvador porque trata de evitar lo peor: está habitado por temores bastante justificados. Pero las acciones que implementa empeoran la situación», dice la psicóloga. Al tratar de controlar al otro, de protegerlo de la adicción, de ocultar las sustancias en cuestión para evitar que consuma y mienta al jefe de su ser querido para que lo proteja del retroceso de sus actos, el Los compañeros se presentan como barreras entre la persona que sufre de una adicción y las consecuencias de su comportamiento, lo que facilita el proceso. Sin embargo, una confrontación con el fruto de sus acciones permitiría a la persona dependiente cuestionarse a sí misma y, si tiene la voluntad, comenzar un programa de retiro. Esta noción escapa a la persona codependiente,

Las profundidades de la codependencia.

Según los diversos especialistas del tema, el comportamiento del salvador que adoptan los codependientes se explica por un conjunto de fallas en la construcción de su identidad. Entre su falta de confianza en sí mismo, su perfeccionismo y su inconsciente hábito de reprimir sus emociones, los codependientes dificultan la distinción entre sus propios sentimientos y los de los demás. Encerrados en la impresión de que todo lo que sucede es culpa de ellos, «siempre en el exilio de uno mismo, inclinándose hacia el otro, en busca de reconocimiento a través del sacrificio», agrega Daniela Danis. Según el especialista, esta es una forma de dependencia emocional que se materializa en un deseo infinito de ayudar a los demás. Esto es particularmente el resultado del testimonio de uno de sus pacientes que vivió con un alcohólico cercano en su infancia, y que ella relata en su libro En el corazón de la codependencia:

«¿Hoy no me tengo ninguna estima y me pregunto si está relacionada con lo que experimenté cuando era pequeña? Tengo la sensación de tener que vivir oculto, no de mostrar mis sentimientos, de lo contrario nadie me amará. Si me preguntas algo, no puedo decir «no» y luego siento que tengo algo. Por otro lado, si me niego, no me siento bien. Me siento culpable, me digo a mí mismo: «Todavía podrías …» No puedo encontrar la paz. O me aíslo o creo que tengo que hacer todo lo que me piden. Es todo o nada.[3]

Este sufrimiento está acompañado por una incapacidad para diferenciar los problemas de otros de los suyos. A esto se puede agregar la convicción de ser los únicos capaces de asumir un cargo sin darse cuenta de que es demasiado pesado para sus hombros. Este conjunto de creencias se ve reforzado por las consecuencias de su comportamiento, lo que facilita el confinamiento de su ser querido en su adicción; lo que los lleva a un círculo vicioso que es cada vez más perjudicial para la autoestima. Las personas codependientes, inconscientes de su problema, a menudo se encuentran involucradas en relaciones con un cónyuge que sufre de un tipo de adicción, lo que las envía de nuevo al patrón al que están acostumbrados. Sin embargo, no es una fatalidad: varios medios permiten que las personas que sufren de codependencia salgan de ella.

La calma después de la tormenta.

Como en cualquier hábito de autosabotaje, el primer paso hacia lo mejor es la conciencia. Luego, según el psicólogo, tomar el camino hacia relaciones saludables requiere escuchar, saber reconocer los límites, expresarse y respetarlos. Al final de un trabajo sobre uno mismo, la idea es adoptar el concepto de reciprocidad en sus relaciones con los demás, así como ofrecer su ayuda solo cuando se solicita explícitamente y eso no implica. Olvídate de tus propias necesidades. También es importante cuestionar el estereotipo de auto entrega que alimenta la reflexión al sugerir que sería egoísta no sacrificarse por los demás. Para muchos, esta disfunción de la codependencia es repetida y legitimada por sus valores y educación. Sin embargo, es esencial pensar primero en uno mismo en cada una de las elecciones, así como respetar las de los demás, como lo expresa Lise Bourbeau: «ser responsable es asumir las consecuencias de nuestras decisiones, lo que significa también para permitir que otros asuman las consecuencias de sus propias elecciones.»[4] Una visión de las cosas necesarias para emprender los diversos pasos hacia un mejor control de la vida.

Para obtener más información

visite el sitio web de Daniela Danis: 

http://www.codependance.ch/
El sitio web de Stephen Karpman: 

https://www.karpmandramatriangle.com/


[1] Karpman, Stephen. Le Triangle Dramatique. Traduit par Jérôme Lefeuvre et Pierre Agnèse. Malakoff : Dunod Éditeur, 2017, p. 14

[2] Ribeyre, L. «La codépendance : nouvel outil clinique ou flou conceptuel ? Une revue de la littérature». Pratiques psychologiques 2014, vol. 20, p. 269.

[3] Danis, Daniela. Au coeur de la codépendance. Genève : Éditions du Tricorne, 2013, p. 205.

[4] Bourbeau, Lise. La puissance de l’acceptation. Malesherbois : Écoute ton corps, 2007, p. 104.


Un enfoque de la codependencia

Origen:
Mansilla, Fernando (2002):
Un enfoque de la codependencia. en psiquiatria.com

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El concepto de codependencia se comenzó a utilizar en los años setenta para describir a la persona, sea ésta familiar, amigo o voluntario que tiene una relación directa e íntima con un alcohólico y que le facilita continuar con la adición. Más tarde se ha hecho referencia al codependiente como aquella persona que se dedica a cuidar, corregir, salvar, etc. al drogodependiente, involucrándose en sus situaciones de vida conflictivas, sufriendo y frustrándose ante los repetidos fracasos, por sus recaídas, llegando a adquirir características y conductas tan anormales como las del propio adicto (Cocores, 1987).

Posteriormente se ha ido generalizando a familiares de personas con otras dependencias, con enfermedad crónica (esclerosis múltiple, insuficiencia renal, trastornos alimentarios, cáncer, esquizofrenia, enfermedad de Alzheimer) e incluso a profesionales de la salud (Gómez Sanabria y otros, 1998).

Pero la codependencia ha sido definida en múltiples sentidos: como un esquema de vida disfuncional que emerge en la familia de origen produciendo un estancamiento en el desarrollo y siendo su resultado una hiperreacción del codependiente a lo externo a él y una hiporreacción o baja sensibilidad a lo interno a él (Friel y Friel, 1988), como la conducta de una persona esencialmente normal que realiza un esfuerzo para ajustarse a un cónyuge y a un acontecimiento vital estresante (Jackson y Kogan, 1963), como un patrón de dolorosa dependencia de otros, con comportamientos compulsivos y de búsqueda de la aprobación para intentar encontrar seguridad, autoestima e identidad (Treadway, 1990) (Lawlor, 1992), como un patrón de rasgos de personalidad claramente identificables que presentan los integrantes de una familia que tiene un miembro afectado por una adicción a sustancias químicas (Vacca, 1999), como una enfermedad primordial presente en cada miembro de la familia adicta, que es a menudo peor que la propia enfermedad, y que tiene sus propias manifestaciones psicosomáticas (Gierymki y Williams, 1986), como una característica emocional y psicológica de la conducta que aparece como consecuencia de un conjunto de reglas opresoras que impiden la demostración abierta de sentimientos y el diálogo sobre problemas personales e interpersonales (Subby, 1884).

También se ha señalado a la codependencia como una patología del vínculo que se manifiesta por la excesiva tendencia a encargarse o a asumir las responsabilidades de otros (Haaken, 1993) o como un defecto en la realización de dos de los cometidos más importantes de la niñez: la autonomía y la identidad (May, 1994). Incluso el concepto de codependencia se ha utilizado para describir un patrón exagerado de dependencia que hace llegar al individuo hasta la negligencia de sí mismo y debilita su propia identidad (Cleveland, 1987). Y también se ha indicado con este término a cuando algún familiar se involucra de forma obsesiva en los problemas de un adicto hasta el punto de vivir por y para él y desequilibrando su propia vida en las áreas personal, familiar, laboral y social. De modo que el codependiente pierde el control de su propia vida y de sus límites, invirtiendo toda su energía en el adicto con necesidad de pertenecer y ser útil (Gómez, Bolaños y Rivero, 2000).

Sin embargo, se ha criticado la tendencia a conceptualizar los comportamientos interpersonales como una dependencia (Walters, 1990). Y se ha visto el concepto de codependencia como una exageración ya que se ha considerado que la mujer del alcohólico se encuentra bajo presión psicológica y no sorprende que tenga problemas de ansiedad, depresión y baja autoestima (Comunidad de Madrid, 1999).

Parece así mismo excesivo considerar como patológicos comportamientos asociados a cualidades de la mujer (cuidar y proteger a los demás) y no reconocer el comportamiento de las esposas como una respuesta de una persona en buen estado con relación a otra en peor estado (Anderson, 1994). Por eso se ha afirmado que, aunque los hombres pueden ser en teoría codependientes, se ha hecho principalmente referencia a una patología de la mujer (Comunidad de Madrid, 1999). Aunque en principio la codependencia no es un fenómeno específico atribuible a las mujeres, puede que los condicionamientos sociales y culturales hayan determinado una alta prevalencia de este problema en ellas (Llopis Llácer, 1998).

También se ha señalado que los codependientes tienen los mismos rasgos que los hijos adultos de alcohólicos: exigencia de controlar a los otros y su ambiente, y un temor a la asertividad junto a una demanda extrema de amor y aprobación (Brown, 1985).

Se ha llegado a ver a la codependencia como la otra cara de la adicción (Jauregui, 2000), o como una adicción de orden afectivo (Prest y Storm, 1988), o como una relación adictiva a una persona y sus problemas (Wright y Wright, 1991), porque esta relación puede ser tan compulsiva e impulsiva como una adicción (Peele y Brodsky, 1975).

Por tanto, la codependencia ha sido explicada desde tres puntos de vista:

  1. Como una enfermedad primaria de un sistema familiar disfuncional y que una vez desencadenada seguirá su curso y afectará a uno o más miembros de la familia (Wegscheider-Cruse, 1984).
  2. Como un trastorno de personalidad previo de uno o más miembros de la familia en interacción con la conducta del adicto que facilitan la adicción, la encubren y la mantienen (Cermack, 1986).
  3. Como un mecanismo reactivo que se desarrolla a partir de una prolongada exposición individual a un conjunto de reglas represivas que impiden la manifestación de sentimientos y la discusión directa de problemas (Subby, 1984).

Aunque se ha señalado que hay dependencias relacionales con entidad propia como las denominadas dependencias emocionales: adicción al amor (Norwood, 1985), interdependencia, dependencia afectiva… y otras secundarias a trastornos adictivos (sobre todo a drogas y alcohol) como la codependencia y la bidependencia (doble dependencia a sustancias y afectiva) (Sirvent, 2000).

Parecería, más bien, que la codependencia pudiera ser una entidad nosológica que hace referencia a un tipo de dependencia emocional y con un vínculo patológico similar al que caracteriza a aquellos sujetos que mantienen otro tipo de adicción. La diferencia entre el adicto y el codependiente no se debe a la dinámica subyacente a la adicción sino al objeto de consumo (Jauregui, 2000).

En todo caso, la codependencia es una adicción a una persona y a sus problemas (Wegscheider-Cruce, 2001), y se ha llegado a afirmar que la adicción y la codependencia son la misma enfermedad porque comparten las mismas características: negación, obsesión, compulsión y pérdida de control (Lyles de Reagan, 2001).

La codependencia sería, pues, una forma de adicción como la drogodependencia, la ludopatía u otras adicciones.

El término hoy día hace referencia a la actitud obsesiva y compulsiva hacia el control de otras personas y las relaciones, fruto de la propia inseguridad. Y es condición necesaria que el trastorno o la enfermedad de la otra persona sea crónica (Coddou y Chadwick, 2001), pero llevando asociada la esperanza de que puede ser curada.

La expresión sintomática del codependiente se caracteriza por la necesidad de tener el control sobre el otro, por una baja autoestima, por un locus de control externo, por una sensación de escasa autoeficacia, por un autoconcepto negativo, por la dificultad para poner límites, por la represión de emociones, por hacer propios los problemas del otro, por la incapacidad para pedir ayuda, por la negación del problema, por ideas obsesivas y conductas compulsivas, por el miedo a ser abandonado, a la soledad o al rechazo. Además, los codependientes suelen ser extremistas, o hiperrresponsables o demasiado irresponsables, se niegan a sí mismos y se sienten víctimas porque sacrifican su propia felicidad, se toman todo en serio, tienen dificultad para la diversión y se juzgan sin misericordia (Beattie, 2001).

Tipología de la codependencia (Vaccca, 1999)

Se han identificado cuatro tipos de codependientes:

El codependiente directo que presenta uno de los comportamientos que genera más dificultades en el proceso terapéutico porque su conducta va desde proporcionarle la droga hasta dinero o el lugar donde pueda consumir la droga.

El codependiente indirecto mantiene una conducta de oposición declarada y objetiva a la adicción del familiar pero, a la vez, protege al adicto, y evitan que se responsabilice de sus acciones.

El codependiente tolerante desempeña el rol de sufridor. Su rol no es modificar el comportamiento del adicto sino contemplar cómo se autodestruye, pero queriendo sacar lo que queda de bueno y noble en él.

El codependiente perseguidor es el familiar más comprometido en controlar la conducta autodestructiva del adicto. Despliega un sistema de conducta para descubrirlo. Es el que opera con un control externo.

La codependencia puede también ser percibida en el comportamiento de los hijos de drogodependientes, de enfermos mentales graves y en los hijos que han perdido a un progenitor a una edad temprana. Cuatro suelen ser los roles de estos hijos (Vacca, 1999) (Kreuz, 1997) (Domínguez, 1995).

El héroe de la familia o niño adulto es el hijo parentificado que adopta el rol de padre/madre frente a sus hermanos, llegando a convertirse en el cuidador del progenitor drogodependiente, no juega ni fantasea como los demás niños ni disfruta de su niñez, asume las funciones importantes de la familia para que ésta no se desintegre. Y es utilizado por la familia para demostrarse a sí misma y a los demás que el sistema familiar funciona bien.

El niño perdido o silente con frecuencia es el segundo de la fratría, es el que pasa desapercibido en la constelación familiar, suele estar solo, tiene tendencia a la fantasía como válvula de escape de los problemas familiares, busca relaciones íntimas fuera de la familia y desarrolla una gran capacidad para mantenerse lejos física y psíquicamente.

El hijo problema o hijo crisis o cabeza de turco sirve de pararrayos para las tensiones que se crean dentro de la familia, manifiesta una conducta desafiante, crea conflictos, presenta agresividad no controlada y frecuenta ambientes de marginación social. Su modo de actuar es provocando problemas para proteger al padre contra una confrontación, proteger a la madre de poner al padre en una difícil posición, proteger a los hermanos centrando la ira del padre sobre sí mismo, y protegerse de sí mismo contra sensaciones de pasividad.

El hijo broma o mascota suele ser el menor de la fratría, es frágil e inmaduro, tiene muchos amigos, es simpático, su único objetivo es agradar a los demás, tiene siempre la intervención graciosa y oportuna, por lo que se le suele etiquetar de payaso.

Desarrollo de la codependencia

El término vinculación hace referencia a una relación objetal específica y supone una estructura neurofisiológica y la tendencia a buscar la relación con otro (Bowlby, 1969).

La madre, durante el embarazo, se prepara emocionalmente para recibir a su hijo, desarrollando la preocupación materna primaria que la convierte en la persona más indicada para establecer la interacción (Winnicot 1965) (a).

Esta relación se produce incluso antes del parto y adquiere una calidad que depende de la madre y del hijo, de sus dotaciones específicas y de la modulación y conjugación de ambos (Klaus y Kennel, 1976).

El recién nacido utiliza los diferentes estados: de vigilancia, de excitación, de actividad motriz y de calidad afectiva (Wolff, 1966) para controlar las tensiones endógenas o exógenas y organizar sus vivencias. Gran parte de los cuidados que le da la madre consisten en modular su estado, proporcionándole estimulaciones o protegiéndole contra dosis excesivas (Schaffer, 1977) (Brazelton y Als, 1979).

El lactante percibe la intensidad, el ritmo, la modulación de la voz, las posturas y el tono muscular, y responde de una manera específica con la sonrisa, las vocalizaciones y los movimientos coordinados de los ojos y de la cabeza. Este es el modo de comunicación (Levovici, 1983). De manera que madre e hijo se sumergen en la llamada fase fusional de Winnicot (1971). Esto ocurre cuando la madre hace una identificación proyectiva con las necesidades del niño, lo que le permite realizar satisfactoriamente todas las tareas del proceso de maternización, es decir, la función materna es lo suficientemente buena (Winnicot, 1965) (b).

El niño nace con la tendencia al establecimiento del vínculo porque posee una serie de capacidades sensoriales y se encuentra con una madre o sustituta especialmente predispuesta para este proceso.

El fallo en el vínculo podría dar como resultado un trastorno de relación.

Con la combinación de las dimensiones de afecto y control se establecieron cuatro tipos de vínculos (Parker y otros, 1982) que equivalen a otros tantos de Bowlby (1969). El vínculo I (equilibrio de afecto y protección) equivale al vínculo óptimo o apego normal de Bowlby. El vínculo II (afecto constrictivo) equivale al vínculo dependiente. El vínculo III (afecto deficitario o ausente) equivale al desapego o ausencia vincular. Y el vínculo IV (control sin afecto) equivale al vínculo ansioso. Entre los codependientes pueden encontrarse los vínculos II, III y IV, aunque quizás el más frecuente sea el vínculo IV (vinculación de poco afecto y sobreprotección excesiva).

Los cambios que ocurren en la interacción entre le niño y la figura de apego puede determinar la aparición del conflicto del vínculo. Este puede surgir cuando al niño se le comienza a exigir un comportamiento más adecuado a lo que se considera socialmente es deseable, instándole a adquirir mayor autonomía e independencia, cuando al mismo tiempo no tiene con la figura de apego una relación íntima, cálida y continua, en la que los dos encuentren alegría y satisfacción (Cano de Escoriza, 2001). El niño siente que si se preocupa y le presta servicio a la figura de apego es correspondido y si no se preocupa y no le sirve puede ser abandonado o rechazado.

El niño percibe el desinterés o desapego de la madre o figura sustituta. Y busca apoyo y compañía sometiéndose, halagándola y satisfaciéndola por todos sus medios. El niño permanece atento a sus señales que le informan sobre los gustos de la madre, y por supuesto evita cualquier agresión. Lo que genera que el niño sienta una particular debilidad centrada en la necesidad de protección que le hace buscar la compañía de la madre.

También la vinculación defectuosa puede generar lo que ha venido en denominarse la “absorción emocional” que tiene lugar cuando al niño no se le permite separarse de la madre en el momento oportuno. Si una madre o figura sustituta es sobreprotectora y no acaba de distanciarse y de aflojar los lazos para permitir que el niño se convierta en una persona independiente, entonces el niño no se vinculará adecuadamente (May1994).

De manera que la codependencia puede forjarse a partir de las necesidades no satisfechas en el ser humano durante su infancia, las cuales han impedido una maduración conveniente para poder adaptarse a situaciones de relaciones interpersonales.

Cuando las necesidades físicas y emocionales del niño no son satisfechas de una manera adecuada, su self verdadero, auténtico, va construyendo las etapas evolutivas con el apoyo de un yo subordinado que desarrolla roles que le permiten superar las experiencias problemáticas de la infancia, y que para sobrevivir le incita al niño a aprender a “servir a los demás” descuidándose a sí mismo.

Los codependientes insisten en repetir las mismas conductas ineficaces que utilizaron cuando eran niños para sentirse aceptados, queridos o importantes y mediante esas conductas buscan aliviar el dolor y la pena por sentirse abandonados. Sin embargo, paradójicamente las conductas codependientes perpetúan esos sentimientos.

Este vínculo defectuoso que establece el codependiente está colocado en la preocupación por lo que el otro piensa, en el miedo a la pérdida de la relación, sintiendo y vivenciando la culpa y siempre tratando de reparar. El codependiente percibe un mundo interrelacional peligroso, entre la necesidad de proteger y el temor a ser abandonado, anticipando la excesiva separación y sobre todo la pérdida de amor.

A pesar de la fragilidad del término codependencia se podría hipotetizar un modelo conceptual y comprensivo. Para la presencia de la codependencia se precisan unos factores predisponentes, precipitantes y de mantenimiento. El factor precipitante sería el fallo en el vínculo madre-hijo que no ha posibilitado que a través de la relación con la madre el niño haya podido desarrollar su yo (self), su propia subjetividad (Lanfond, 1991) (Jauregui, 2000). Por lo que su subjetividad tendrá que surgir por medio de otra persona.

Esta vulnerabilidad facilita el impacto de los factores precipitantes, que pueden ser identificados como procesos de separación, pérdida y duelo de figuras significativas, sean de forma real o simbólica, la ruptura brusca de la homeostasis familiar, una persona con cierto problema crónico que provoca una situación estresante (p. ej. adicción o enfermedad de un familiar, separaciones, divorcios, abandonos del hogar), la presencia de nuevas demandas en el entorno que se presentan de forma aguda y/o con escaso tiempo de elaboración y adaptación, pidiendo respuestas concretas en espacios cortos de tiempo.

La acción de estos factores precipitantes sobre la vulnerabilidad previa, provoca los síntomas que identifican a la codependencia. Y los factores de mantenimiento actúan sobre los factores precipitantes para que su acción haga que perdure la codependencia. Estos factores mantenedores son distorsiones cognitivas, sobre todo del tipo de creer que su razonamiento es el que contiene mayor nivel de certeza como negar sus necesidades básicas o confiar en una solución casi mágica de la adicción o enfermedad del otro.

De manera que el término codependencia hace referencia a que la dependencia es cosa de dos: un sumiso (dependiente manifiesto) y un controlador (dependiente larvado) que se necesitan mutuamente para la supervivencia emocional. Una caricatura adulta de la simbiosis original madre-hijo (May, 1994).

Abordaje

Aunque la codependencia ha sido abordada con intervenciones breves de asesoramiento, con terapia familiar pasando por la terapia cognitiva, pocos Programas de Tratamiento en Europa hacen referencia a dicho concepto.

Aquí se propone la Psicoterapia Interpersonal que trataría de reconstruir la identidad dañada del codependiente a través del fomento de la autoestima, del reconocimiento de sus sentimientos, de potenciar sus habilidades relacionales, de favorecer su autoconcepto positivo y de su asertividad (Goikoetxea y otros, 1994). De manera que el objetivo sería ir convirtiéndose en uno mismo, con actitudes, opciones y comportamientos libres.

Se ha señalado que la codependencia es una entidad diagnóstica curable (Gierymky y Williams, 1986). Pero sin un tratamiento adecuado puede convertirse en una adicción a sustancias químicas (Jauregui, 2000). Por lo que se incide en la necesidad ineludible de trabajar la independencia (Hagan, 1994).

Este abordaje es una adaptación de la Psicoterapia Interpersonal (Klerman y Weissman, 1993) que comenzó siendo utilizada en la depresión y más tarde en la distimia, en trastornos alimentarios, en el trastorno bipolar, en el trastorno boderline de la personalidad y en drogodependencias (Fernández y otros, 1997). Está basado en un enfoque pluralista, no doctrinario y empírico.

La actitud del terapeuta es activa y no pasiva ni neutral; y la relación terapéutica no es una relación de amistad, ni es analizada como una manifestación de la transferencia.

Estrategias

Se organizan en tres fases:

Fase Primera

En ella se realiza un contrato terapéutico explícito y se trata de relacionar la codependencia con el contexto interpersonal, revisando ordenadamente las relaciones interpersonales pasadas en relación con lo actual, ya que la codependencia es un estilo de vida y de relación.

Después se procedería a determinar los objetivos del tratamiento que pasarían por:

  • Reconocer y aceptar la existencia de un problema, porque experimentan emociones negativas perturbadoras que les impiden abandonar la relación insatisfactoria.
  • Desprenderse emocionalmente de los problemas de los demás, ya que no tienen por qué ser abandonados, porque son dignos, alguien bueno les podrá aceptar y merecen algo mejor.
  • Responder con acciones y no únicamente con preocupación, dejando el rol de sufridor.
  • Centrar la atención y la energía en su propia vida y no en otra relación.
  • Asumir su responsabilidad no viviendo la situación con sentimiento de culpa (Bononato, 1996), porque los codependientes suelen sentirse responsables últimos de la adicción o del problema del otro.
  • Salir del ambiente familiar implica fortalecer las fronteras de la familia y abrir otros círculos: asociaciones, trabajo o voluntariado.

Fase Segunda

Se trabajan los principales problemas interpersonales actuales y se abarcarían las siguientes áreas-problemas:

  • Duelo: la relación actual de codependencia se pone en conexión con otras relaciones anteriores y se exploran los sentimientos asociados tanto positivos como negativos y se analiza qué obtienen y qué perderían en esa relación.
  • Disputas personales: consiste en recobrar la libertad de formar nuevos vínculos y realizar cambios activamente, aunque no tengan éxito.
  • Déficits interpersonales: se relaciona la codependencia con los problemas de aislamiento social o de insatisfacción y se exploran las pautas repetitivas en las relaciones.
  • Transiciones de rol: consiste en explorar las posibilidades de un nuevo rol más autónomo, en desarrollar nuevas habilidades para el desempeño del mismo y evaluar de forma realista lo que puede perderse.

Fase Tercera

En ella se pasa revista a los progresos efectuados y se trata de hablar explícitamente de la finalización de la relación terapéutica, en reconocer que este final es un periodo de separación, despedida y duelo, en reforzar el sentimiento de independencia del paciente y en estar dispuesto a abandonar y a ser abandonado.

Técnicas

Se sugieren entre otras, las técnicas exploratorias que pueden ser directivas y no directivas (preguntas, verbalizaciones genéricas, abiertas).

Otra técnica es el nudo del problema que es una forma de hacer un gráfico de las posiciones relacionadas de diversos miembros del sistema familiar en el ámbito de las construcciones que tienen los unos de los otros y de las acciones que son coherentes con esas construcciones (Neimeyer y Mahoney, 1998).

Otra es la autocaracterización y la caracterización de la familia o de su relación de dependencia que consiste en dar al cliente instrucciones para que escriba de forma libre una descripción de sí mismo, de su familia o de su relación de dependencia, tal como la escribiría alguien real o imaginario que conociera al cliente o familia íntimamente y de forma comprensiva, quizá mejor que nadie. La descripción resultante es en sí misma una útil herramienta de evaluación y se puede usar para estimular la creación de un papel alternativo como base para la terapia de rol fijo.

Ésta consiste en el desarrollo y la representación de una identidad o rol hipotético, que tiene implicaciones nuevas para ver y vivir la vida de manera diferente. A la identidad alternativa se le da un nombre diferente al del cliente. El cliente representa el papel en la vida diaria sin informar a los otros del experimento, pero sólo durante un periodo fijo de tiempo, después del cual se deshecha la identidad hipotética, y el terapeuta y el cliente comentan las implicaciones del ejercicio para reinventar la biografía del cliente (Neimeyer y Mahoney, 1998).

Y también la técnica del juego del rol en la que el terapeuta asume una determinada persona en la vida del paciente para explorar los sentimientos y estilo de comunicación del paciente con los demás y probar y practicar nuevas formas de comportarse con otros.

La clarificación que es utilizada para reestructurar el material que trae el sujeto y devolvérselo como feed-back.

Otras técnicas son el autorregistro de hábitos o conductas, el cuestionar creencias inadecuadas, la práctica de habilidades nuevas, la resolución de problemas, reformular (perífrasis) que consiste en poner el problema presentado en unos términos que son distintos a los empleados por el sujeto o la familia, pero más viable para el planteamiento terapéutico y preguntándole si es lo que quería decir, la dramatización, la paradoja que consiste en indicaciones para realizar intencionalmente precisamente aquellas cosas que el consultante quiere dejar de hacer, el alentar la expresión de afectos para que el sujeto reconozca y acepte sentimientos dolorosos que no pueden o no deben cambiar y que desarrolle afectos deseables nuevos para conseguir cambios interpersonales deseados, la prescripción de rituales (Boscolo y otros, 1987) son una serie de tareas ceremoniales que constan de diversos pasos, y que involucran a todos los miembros de la familia y que, por lo común, tienen significado simbólico (Feixas y Neymeyer, 1991) y el cuestionamiento circular (Selvini, Palazzoli y otros, 1980), a través de él se revelan relaciones y diferencias entre miembros de la familia. Implican cuestiones triádicas donde a un miembro de la familia se le invita a describir cómo otros miembros se relacionan o reaccionan a algunos hechos familiares (Feixas y Neymeyer, 1991). La especifidad de la psicoterapia interpersonal son sus estrategias (Schramm, 1998), no sus técnicas. Por lo que cabe la posibilidad de utilizar todas las técnicas que sirvan para reconstruir el propio pasado y discernir en él nuevos temas que apunten hacia un futuro más esperanzador suelen ser efectivas (Bannister, 1975). De ahí su eclecticismo técnico.

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Vivir con un cónyuge dependiente del alcohol

Origen:
ISPA (2012): 
Vivre avec un conjoint alcoolodépendant.
Institut suisse de prevention de l’alcoolisme et autres toxicomanies.

PDF.

El folleto describe la situación de una mujer que vive con una pareja dependiente del alcohol, que estadísticamente es el caso más común en Suiza.

No hace falta decir que también está destinado a hombres que viven con una mujer que depende del alcohol.

No solo me pasa a mí …

Vivir con alguien que es adicto al alcohol es una situación difícil en la que te haces preguntas y preguntas. Esperanza, desesperación, amor, odio, ira, culpa … tantos sentimientos que triunfan o coexisten que a menudo sucede que no sabemos dónde estamos. A veces, la ira, la tristeza y el desaliento nos llevan a perder el sueño y afectan nuestra salud física. Y luego también hay muchas preguntas que envenenan nuestras vidas: ¿soy responsable de la situación? Cuando me dice que bebe por mi culpa, ¿es verdad? ¿Cómo ocultar la situación de mi entorno? … Estos sentimientos de vergüenza y culpa nos están aislando gradualmente. Dese un buen momento, siga sus deseos y sus deseos, cambie sus ideas, se convierta en misiones imposibles por falta de tiempo, porque ya no tenemos la energía para salir y porque tememos que un desastre Ocurren en nuestra ausencia. Tan poco a poco la soledad, el agotamiento, la desesperación y la sensación de haber perdido algo y nada puede cambiar.

Y, sin embargo, muchas mujeres, parejas, madres, niñas que sufren de tal situación con la sensación de estar completamente solos. En Suiza, se estima que entre 450,000 y 900,000 personas viven con parientes alcohólicos y muchas de estas personas son mujeres.

¿Qué pasa?

Para tratar de mejorar la situación, para ayudar a su compañero a dejar de consumir, probamos diferentes estrategias: intentamos entender, discutir, amenazar, amar más, reducir nuestros propios requisitos, … y no se hace nada o al menos de manera duradera… Entonces, ¿qué está pasando? ¿Qué debo hacer para hacerlo bien?

Paralelamente a la evolución de la enfermedad del alcoholismo, se está estableciendo gradualmente un proceso que se llama codependencia. Es una serie de actitudes y reacciones que adoptamos para ayudar a nuestra pareja, pero que finalmente nos agotan sin que la situación mejore finalmente. Para poder ayudarnos unos a otros, es necesario entender este proceso. Quizás te reconozcas en una o en todas las situaciones que se describen a continuación.

Proteger y excusar

«Tiene mucho trabajo … muchas preocupaciones … sus amigos lo llevan a beber … no sabe cómo decir que no …»; A menudo buscamos excusas o razones por las que bebe demasiado.

En muchos casos, también nos hacemos responsables de él, para evitar preocupaciones o porque no está en condiciones de asumirlos. Y luego, nos escondemos de nuestro entorno estos episodios que nos hacen sentir incómodos. El miedo y la vergüenza nos vuelven estúpidos y, a medida que cada vez es más difícil hablar de ello con nuestro compañero, terminamos encerrándonos y aislándonos de este problema.

Controlar

Proteger y excusar no ha cambiado el problema, así que intentamos limitar el consumo, controlar lo que hace, a dónde va, con quién … Algunas veces desarrollamos estrategias ingeniosas para tratar de controlar el consumo de alcohol. de nuestra pareja. Pero, una vez más, el problema persiste y nuestro estado de ánimo varía con el estado de ánimo de nuestra pareja. Bebe poco, deja menos y encontramos esperanza. Llega tarde a casa y se va a dormir en el sofá y esa es la decepción. Además, gradualmente estamos perdiendo la confianza en nosotros mismos y la confianza en nosotros mismos, así como nuestra capacidad para ayudarlo y evitar que beba. Luego, los episodios de discusiones, la ira estalla cada vez más… ira contra él, contra el alcohol, contra nosotros mismos, contra los que beben con él, contra los que ven su problema y no dicen nada…

Acusar

Cuando la situación se ha vuelto insoportable y todos nuestros intentos por evitar que él beba han fallado, entonces somos libres de ser culpados. Es debido a él que todo sale mal, es él quien nos hace infelices… debe dejar de beber, de lo contrario será responsable de las consecuencias que pueden ir desde una denuncia por conducir bajo los efectos del alcohol hasta una solicitud. de divorcio.

Tomó una gran cantidad de energía gastada, sufrimiento acumulado, momentos de esperanza y duda para finalmente darse cuenta de que no podemos hacer las cosas en su lugar y que sin su compromiso con un proceso, todos nuestros intentos. No se puede detener la progresión de la enfermedad de la dependencia. Sin embargo, podemos hacer algo, incluso si él no está listo para el tratamiento.

Entender el papel que jugamos

Para una mujer, es particularmente difícil no ofrecer espontáneamente ayuda y apoyo. La imagen de las mujeres a menudo se asocia con cualidades como la paciencia, la sensibilidad, la amabilidad, la dedicación, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Estas representaciones sociales impregnan y determinan el comportamiento de nuestra mujer y la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Nos sentimos fácilmente responsables y pensamos que, sin nuestra ayuda, él no podrá sobrevivir… incluso si tenemos que recurrir a las drogas u otras sustancias para poder hacer frente a esa situación.

Un compañero masculino de una mujer que es adicta al alcohol no experimenta las mismas presiones sociales en relación con su papel. Tradicionalmente, un hombre se considera menos sensible, tiene más facilidades para poner límites, para decir que no. Estas actitudes son necesarias para protegerse y menos para encerrarse en el problema del alcohol. Establecer límites y pensar en uno mismo no significa rechazar a la persona dependiente, aunque es más común que los hombres abandonen a sus cónyuges alcohólicos. Los hombres también pueden ser empáticos, escuchar y brindar un valioso apoyo.

¿Qué hacer? ¿Qué comportamiento adoptar?

Una pareja es un poco como un engranaje: las piezas encajan entre sí y giran a un ritmo determinado. Si una de las partes comienza a girar de manera diferente, todos los engranajes deben girar de manera diferente … o romperse.

Entonces, en lugar de desesperarse por verlo cambiar… sí cambio algo, necesariamente tendrá una influencia en su comportamiento. ¿Pero qué cambiar?

  • Acepta que no puedo dejar de beber en su lugar, ni recibir tratamiento en su lugar.
  • Solo puedo cambiarme
  • Puedo volver a aprender para satisfacer mis necesidades y mis deseos: hacer lo que me hace feliz, conocer a las personas que amo, tomar el tiempo para cuidarme.
  • No tengo que sentirme culpable: no bebe por mí, bebe porque está harto del alcohol y esa es la única razón que explica su comportamiento.
  • Puedo establecer límites para no sufrir más el mismo problema del alcohol.
  • Ya no tengo que asumir todo en su lugar o hacer todo en su lugar.
  • Puedo buscar ayuda para mí mismo, para aliviar mi sufrimiento y ayudarme en mi enfoque.

Estar de acuerdo en buscar ayuda para uno mismo

Aunque mi pareja es adicta al alcohol, su enfermedad me afecta tanto que es difícil para mí seguir soportando la situación. Solo podemos alentarlo a buscar ayuda externa de su pareja en:

Un médico en el que confía y con quien puede hablar sobre su situación

Un centro de consulta en alcoholismo y otras dependencias. En cada cantón, encontrará las direcciones de estos diversos servicios en la guía telefónica bajo los siguientes títulos: alcoholismo, centro de consultas, ligas o en los sitios web http://www.infoset.ch o www.drogindex.ch Un grupo de autoayuda que reúne a familiares de dependientes; Puede encontrar los datos de contacto de los grupos Al-anon en el directorio o en los centros especializados (arriba) o en el sitio web www.al-anon.ch

Puede recurrir a uno u otro de estos diferentes recursos. Elija el camino que más le convenga y especialmente donde se sentirá comprendido y escuchado. Todas estas personas tienen el deber de quedarse con lo que les vas a confiar; Además, sus beneficios son gratuitos o están cubiertos por su seguro de salud

¿Cómo ayudar a alguien que no pide nada y no quiere cambiar?

Es legítimo querer ayudar a su pareja, pero a veces la ayuda es encontrar el coraje para dejar ir, es decir, dejar que su pareja se responsabilice por su consumo de alcohol y sus consecuencias en la vida cotidiana. … incluso si, al principio, parecerá inhumano dejar que se destruya a sí mismo sin intentar hacer nada. Pero tal vez esta sea la única forma en que su pareja se dé cuenta de la gravedad de su enfermedad y de la necesidad de tratamiento.

La dinámica del cambio.

Su nueva actitud inevitablemente provocará cambios. Debe estar preparado para asegurarse de que estos cambios no sean necesariamente positivos y que conduzcan a un aumento en el consumo, las amenazas y los conflictos. No puede predecir la reacción de su pareja, pero ciertamente reaccionará, porque algo también está cambiando en su vida, y le gustaría que las cosas permanezcan como han estado hasta entonces. No dude en buscar ayuda, ya que puede ser un momento particularmente difícil para usted y, en estas condiciones, dudará en continuar de esta nueva manera.

Sin embargo, si le permite asumir sus responsabilidades y sus tareas, no solo sentirá que está reviviendo y remodelando su vida, sino que su bienestar solo puede dar esperanza a su pareja de que él puede también cambiando, buscando ayuda para sí mismo, para aliviar el sufrimiento de su enfermedad. Solo él puede permitirse esta oportunidad.

Restaurar la responsabilidad de la enfermedad y su tratamiento a la pareja, dejar ir, tomar conciencia de las propias necesidades y responder a ellas; Aquí hay un redescubrimiento para ti. Prepárese para hacer frente a los comentarios interrogativos ya veces despectivos de sus interlocutores: «¿Cómo puede dejarlo en paz? ¿Por qué es tan insensible? ¿por qué no lo ayuda? «… No todos tienen tu experiencia y espontáneamente todos piensan que tienes que proteger, excusar, amar, estar presente, con demasiada frecuencia, para ayudar a una pareja dependiente. Usted también ha creído que … ¡ahora sabe qué hacer, tómese un tiempo para usted y no dude en buscar ayuda afuera!

Y cuando hay niños

Muchos padres piensan erróneamente que ocultar el problema evita que los niños lo sufran. Si cree que su hijo no ha notado nada y no sufre el consumo de su cónyuge, olvida que este consumo tiene un impacto en la dinámica de su pareja y que su hijo siente las tensiones en la familia. Por lo tanto, incluso un niño muy pequeño sufre del alcoholismo de sus padres, sin comprender lo que está sucediendo, ni poder dar palabras a lo que percibe. Es importante que le haga comprender que su padre está enfermo y que ni usted ni usted son responsables de esta enfermedad. Debemos poder romper el silencio y darle la oportunidad de hablar sobre situaciones dolorosas, sus miedos, su vergüenza y sus sentimientos de culpa. También puede necesitar poder hablar con un profesional u otros niños que vivan la misma realidad que él.

Si su pareja se vuelve agresiva o violenta cuando bebe, no debe dudar en proteger a su hijo y a usted mismo saliendo de casa o llamando a la policía o al médico de guardia.


Cuando nos cuesta distanciarnos. La codependencia

Origen:
ICE (2004): 
Colección: “Desarrollo personal y laboral”. Edición nº 18. 
Cuando nos cuesta distanciarnos. La codependencia.
Grupo ICE, Costa Rica

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Presentación

En nuestra relación con el mundo y las personas, a veces nos encontramos actuando de forma obsesiva e incluso destructiva lo que nos imposibilita guardar distancia de cosas, personas y relaciones. Cuando sentimos que nos cuesta distanciarnos de aquello que nos está causando dolor, probablemente estamos frente a un problema que es muy común hoy día: la codependencia.

Aunque este es un término reciente, el fenómeno ha acompañado siempre a los seres humanos pues tiene que ver con la necesidad de sentirse amado, pero con la particularidad de no poner límite a ello sino más bien entrar en un círculo donde el control y el dar se convierten en una obsesión.

No pretendemos aquí etiquetar ni recetar, solo compartir a distancia lo que podría estar afectando la relación con usted mismo y los demás.

Dirección de Mercadeo Corporativo y Relaciones Públicas.


¿Qué es codependencia?

Podríamos definir la codependencia como un comportamiento emocional que se desarrolla cuando alguien permite que el comportamiento de otra persona lo afecte adversamente, al grado de obsesionarse con cambiar o controlar a esa persona. Es enredarse en los problemas de los otros, hasta descuidamos de nosotros mismos. En esta situación se permiten abusos, maltratos y dolor, pero siempre hay la tendencia a pensar que no es suficiente lo que hacemos por los demás, como si esa fuera una misión que se nos encomendó.

Características

Dificultad para pedir

A la persona codependiente le es difícil pedir y más bien está atento siempre a las necesidades y demandas que le hacen los otros pues se siente responsable de su seguridad, su salud, su bienestar, en fin, todo lo que pueda hacer feliz al otro. Su tolerancia al dolor es muy alta y generalmente se siente atraído por personas con problemas pues ahí hay terreno fértil para cumplir la misión de la que hablamos antes.

Necesidad de controlar

El codependiente se vuelve controlador, manipulador a veces, resuelve los problemas de los demás, va a su rescate constantemente, pero a un gran costo: se llena de odio, resentimiento y culpa al dar más allá de sus propias fuerzas. Es tal la preocupación por los otros que incluso a veces llega a enfermarse impidiéndose una vida con paz y felicidad.

Origen del término

El término codependencia se empezó a utilizar a mediados de la década del 70 asociado a los familiares de alcohólicos, definiendo al codependiente como el compañero (hijos, cónyuge, amante) de un dependiente. Se detectó que estos codependientes habían desarrollado ciertos patrones de conducta en reacción al abuso de alcohol que hacía la otra persona. Luego de varias investigaciones se concluyó que presentaban una condición física, mental, emocional y espiritual muy parecida a la de los adictos. Además, se comprobó que cuando lograban salir de la relación con el alcohólico, se volvían a relacionar repitiendo esos mismos patrones de conducta.

La constante en todos los casos fue la imposibilidad de expresar los verdaderos sentimientos, incapacidad de hablar o discutir los problemas, de comunicarse en forma directa y poca confianza en sí mismo y en los demás.

Las causas de la codependencia

Para hablar de las causas de la codependencia es importante aclarar que en todas las familias existen ciertas características que afectan su dinámica en mayor o menor grado y no se trata de culpar ahora a nuestros padres, abuelos, tíos o quienes intervinieron en nuestra crianza y educación sino de realizar los ajustes necesarios para hacer más gratificante nuestra vida. Cada uno de nosotros tenemos una necesidad innata de recibir amor. En el momento de nacer empezamos a demandar ese amor a través del cuidado que nos dan, el alimento, contención, en fin, toda una serie de carencias que necesitamos suplir. Si la persona o personas que nos cuidan no logran por sus propias vivencias darnos ese amor, satisfacer esas demandas, probablemente creceremos con la necesidad de buscar la aprobación en otras personas para sentirnos bien con nosotros mismos.

Mensajes hacia nuestros hijos:

Mensajes tan importantes para los niños como “eres muy inteligente”, “qué buen trabajo hiciste”, “gracias mi amor, agradezco tu ayuda”, “qué bien te ves con ese vestido” van dejando huella en nuestra mente y en nuestra autoestima. Si en lugar de esos mensajes hemos recibido mensajes como “qué tonto eres”, “nunca vas a aprender a hacer las cosas bien” “otra vez fallaste”, es probable que tengamos que recurrir por nuestra baja autoestima a buscar amor y aprobación en forma desesperada y a conformarnos con “migajas” de cariño y atención. En síntesis, podemos decir que nuestra felicidad futura depende en gran parte de nuestro presente, por ello la autoestima y seguridad dependen del alimento afectivo que nuestras figuras parentales o de crianza nos otorgaron.

Síntomas de la codependencia

  • Necesidad de ser aceptados más de lo saludable.
  • Sensación de pérdida de identidad, a veces la persona no sabe quién es o qué quiere.
  • Congelación de sentimientos por miedo a herir a los demás.
  • Reacciones desmedidas que desconciertan y confunden.
  • Incapacidad de disfrutar por estar demasiado comprometidos con los demás.
  • Preocupación exagerada por los demás hasta hacerse daño.
  • Incapacidad de permitir que los demás vivan las consecuencias de sus actos.

Algunas conductas para observar

Las siguientes conductas son propias del fenómeno de la codependencia, sería bueno que reflexionemos si estamos padeciendo algunas de ellas pues a veces éstas se vuelven adictivas sin darnos cuenta, negándonos nosotros mismos para ponernos al servicio de otras personas, sin poner límites. Recordemos que para poder amar en una forma sana a los demás es importante amarnos primero nosotros mismos y no poner en riesgo nuestra salud física, emocional, espiritual y de nuestra estima personal.

Veamos algunas de estas conductas:

  • Si la buena voluntad de ayudar nos vuelve obsesivos.
  • Si la compasión nos lleva a rescatar y asumir la responsabilidad del otro.
  • Si lo que hacemos por el otro nunca es suficiente y nos exigimos más y más.
  • Si no podemos dejar que el otro sea como es sin tratar de cambiarlo.
  • Si creemos que los otros no son capaces de cuidarse por sí mismos.
  • Si vamos postergando nuestras metas y rutinas para acomodarnos a las demandas de los demás.
  • Si nos sacrificamos hasta convertirnos en víctimas de la disfuncionalidad del otro.
  • Si hemos perdido el interés de vivir nuestra propia vida.
  • Si nos aquejan constantes síntomas como gastritis, diarrea crónica, depresión dolores de espalda y cabeza.
  • Si sentimos miedo al abandono y nos cuesta poner límites.
  • Si reaccionamos en exceso o nos cuesta reaccionar.
  • Si nos cuesta manejar la ira y la ira de los demás.
  • Si sentimos que estamos sacrificándonos por otros y ellos no dan lo que esperamos.

Amor y codependencia

Cuando una persona vive su vida a través de los demás y a costa de sus necesidades va más allá de lo que exige el verdadero amor. Todo amor que no produce paz sino angustia o culpa está contaminado de codependencia. Ese tipo de amor patológico es muy destructivo pues al no producir paz interior ni crecimiento espiritual no lleva a la felicidad.

Amor versus dolor

La codependencia genera amargura, angustia, enojo y culpabilidad irracional y el resultado del amor debe ser la paz y la alegría, si esto no es así, algo está mal.

El dolor en la codependencia es mayor que el amor que se recibe. Hay que tratar de mantener una relación sólo hasta donde debamos y podamos, si una relación humana resulta perjudicial para la salud física, moral y espiritual debemos cortar, distanciarnos.

Es difícil pensar en una relación de genuino amor donde la necesidad de control y la sobreprotección no dejan en paz al codependiente, el verdadero amor promueve el crecimiento mutuo en un ambiente de confianza. La codependencia aparenta ser amor, pero es miedo, control, relación condicionada. “Te amo si cambias”, “si no haces lo que te digo, te recrimino, me siento tu víctima”. En la codependencia hay una gran cantidad de manipulación, hay un descontrol evidente: hay que hacer lo imposible para que el otro se acomode a mí.

Tolerancia al abuso

En situaciones de frustración, la codependencia es abusiva o de excesiva tolerancia del abuso, el codependiente permite tanto que no reconoce el abuso cuando lo sufre, ha sufrido tanto en su autoestima, que a veces no se percata de cuánto abuso se le está infringiendo.

En este pseudo-amor el codependiente necesita dar continuamente para no sufrir culpabilidad, ansiedad, enojo o miedo. Necesita dar, sentirse necesario para elevar su autoestima.

Necesidad de aprobación

El amor humano debe ajustarse a la razón y el codependiente se deja llevar solo por sus sentimientos, su comportamiento depende del comportamiento o reacción de los demás, tiene su propio estilo de vida y su modo de relacionarse con los demás debido a su baja autoestima. Toma la vida demasiado en serio y se le dificulta llegar a tener intimidad con otras personas pues teme ser herida por ellas. Necesita desesperadamente la aprobación de los otros y por eso busca complacer a todo el mundo, siente ansiedad cuando debe tomar decisiones pues teme equivocarse.

Controlando personas y circunstancias

Muchas personas se vanaglorian afirmando que controlan personas y circunstancias. En la codependencia se presenta el control como una manera de manipular, al sentir miedo por el abandono, el abuso, la desatención, se afirma que los otros son el problema. Se puede sobrecontrolar la pareja, los hijos, miembros de la familia, amigos, socios por medio del dominio, otra forma de control es siendo amables, pasivos, callados por períodos prolongados, pero cuando se tiene la oportunidad, cuando se tiene temor u otros sentimientos que abruman, se enfurece, aísla y permite que otros actúen sus sentimientos.

Un poder superior

En este caso el codependiente es como un poder superior que controla a otros en cualquier grado, ya sea en forma silenciosa o agresiva, a veces el control se refuerza con una actitud de arrogancia, autoridad o prejuicio, se valoran las creencias y comportamientos de los otros como ridículos, egoístas e inservibles colocándose en una posición de “mejor que”. Se cree que su forma es la “única forma posible”.

Al ceder nuestro poder a otras personas y buscar su aprobación se llega al punto de abandonar nuestras propias necesidades y deseos, pero se vive atemorizado de aquellos a quienes les cedimos el poder. Tenemos su enojo o miradas de desaprobación, su decepción, evasión o control. Nos obsesionamos con sus actitudes y comportamientos hacia nosotros.

Evadiendo personas y circunstancias

El codependiente teme tanto a los demás que evade cualquier grado de cercanía o intimidad, trabaja muy fuerte para evitar colocarse en una posición vulnerable. Desarrolla una fuerte habilidad para esconder sus temores, especialmente cuando las cosas parecen estar fuera de control, puede permanecer callado aun cuando experimenta injusticia o abuso.

Podría incluso adoptar el papel de mártir o actuar impotente para evadir confrontación o responsabilidad, se puede colocar en una posición subordinada y juzgar en forma severa a los demás, cree que no es lo suficiente aceptable para vivir una vida con relaciones, propósito o felicidad.

Relación sana versus codependencia

En la práctica se es codependiente cuando pensamos que somos responsables de los pensamientos, sentimientos y acciones de una o más personas y pensamos que el otro o los otros son los responsables de mis pensamientos, sentimientos y acciones. Un codependiente no sabe dónde termina él o dónde empieza la otra persona. En la relación sana somos capaces de decir lo que sentimos, de enojarnos y expresar nuestro enojo sin temor a que el otro se ofenda, de permitir que el otro conduzca su vida, poner límites cuando sentimos que están abusando de nosotros, decir no cuando así lo quiero, complacerme más a mí mismo que al otro, sentirme libre en una relación y no “atrapado” ·

Hacia la recuperación

Negación y aceptación

Negación. La negación de nosotros mismos, nuestro pasado y presente, constituye a menudo un obstáculo para nuestra recuperación. Es un término que se utiliza cuando no aceptamos nuestros comportamientos codependientes conforme aprendemos sus patrones y características o cuando escuchamos a otra persona describir la situación.

Muy a menudo en nuestra frustración vemos el mal en los demás, pero nos cuesta reconocer nuestros errores o nuestro problema. A veces pareciera que la única salida es rendirse, nos aislamos de nuestra familia, nuestras amistades rechazando su atención y amor. Fingimos que “todo está bien” en nuestro hogar, nuestro trabajo, nuestra vida social y no aceptamos la ayuda profesional o de quienes pretenden ayudarnos. Durante este transitar es probable que nos involucremos en situaciones altamente delicadas como intentos de suicidio, separaciones, divorcios, hospitalización, pérdida de trabajo, problemas de salud, entre otros. Finalmente llegamos a un punto donde la negación ya no funciona y es donde extendemos nuestra mano para buscar ayuda.

Aceptación. Cuando iniciamos nuestro proceso de recuperación y vamos rompiendo con el mecanismo de negación podemos distinguir mejor el problema. Se reconoce la negación como un síntoma de codependencia y como un proceso que emerge, se calma y evoluciona continuamente a lo largo de sus vidas.

Es así como va surgiendo la aceptación, se abraza el pasado y se asume el presente con honestidad, franqueza y voluntad de cambiar. Se va más allá de la negación e identificamos el daño que nuestras decisiones y comportamientos codependientes nos han causado personalmente, así como a nuestra carrera, salud física, entre otros. Nos percatamos como la codependencia nos ha llevado a involucrarnos en relaciones enfermizas que nos han causado daño y dolor.

Pasos hacia la recuperación

Los siguientes pasos podrían representar una forma, no la única, de iniciar el proceso de recuperación de la codependencia. Veamos:

  • Aceptar que se tiene un problema

Este es el paso más importante. Aquí se debe dejar de lado la negación y aceptar que se requiere ayuda: bibliografía, terapia, grupos de apoyo, entre otros. Cuando decida hacer el cambio, comuníqueselo a las personas involucradas. Prepárese para recibir respuestas negativas, esto sólo será una parte del proceso de cambio.

  • Desapegarse del objeto amado

Es la hora de dejar de pensar en las necesidades de los demás pues cada uno es responsable de su propia vida. Es el momento de ver hacia adentro, hacia nuestro propio ser y determinar cuáles son nuestras propias necesidades. Practique diciendo “no” a cosas pequeñas en casa, con otros familiares y amigos, vaya despacio, pero tome posiciones en aquellas circunstancias donde usted sabe que se puede hacer. Esté preparado para que le reprochen lo mala persona que es, ese es el precio por sentirse libre, si usted realmente no quiere acompañar a su esposa o esposo al cine, no quiere lavar la ropa de su hijo adolescente, hacer los trabajos de la casa sin recibir ayuda de su esposo o esposa o compañero, atrévase a decir no. No se precipite, inicie con personas conocidas y vaya aumentando sus “nos” en otros círculos.

  • Pensar y actuar

El miedo paraliza, no nos deja actuar, dejémoslo a un lado y actuemos. Una situación difícil tiene muchas alternativas de solución. En forma serena y firme mantenga su posición.

  • Control de sí mismo

Lo único que podemos controlar es a nosotros mismos, no podemos ni debemos éticamente hablando controlar a nadie, toda la energía que vayamos a invertir en esa carrera por el control diríjala hacia usted mismo. Confíe en usted, en su sano juicio y en ese precioso regalo que Dios le ha dado; el libre albedrío, sepa utilizarlo para su bien y desarrollo personal.

  • Valore su pasado

Haga una introspección en todos aquellos aspectos de su niñez u otra etapa de su vida y determine en qué aspectos debe trabajar. No se trata de juzgar a alguien sino de visualizar situaciones que nos afectaron y ver cómo podemos seguir adelante. No se detenga en el pasado pues nunca tendrá presente o futuro.

  • Viva su propia vida

Si tiene preguntas acerca de quién es usted y hacia dónde va, trate de contestarlas, averigüe, dedíquese tiempo para estar solo o sola y conocerse más. No se tenga miedo, aprenda a gustar de su propia compañía, indague por qué teme a la soledad, a qué le está rehuyendo y porqué. No viva la vida de los demás, esas vidas no le pertenecen.

  • Enamórese de usted mismo

Véase con sus debilidades y defectos, determine lo que debe querer y lo que debe mejorar. No se enfade o preocupe por esos aspectos físicos o emocionales que no le gustan de usted, sólo trate de mejorar lo que razonablemente debe mejorarse.

  • Viva el proceso de duelo

Viva y llore sus pérdidas, no se puede negar ni brincar un duelo, este es un proceso con etapas que se deben vivir.

  • Controle su pensamiento

Recuerde que mucho de lo que siente y actúa está determinado por el tipo de pensamiento que usted desarrolla. No se recree en la ira, el rencor, en fin, los pensamientos negativos que no le permiten ser mejor persona.

  • Póngase metas

Trace una meta y luche por ella, esto le ayudará tener ilusión y a invertir energía en algo constructivo.

  • Aprenda a comunicarse

Diga lo que piensa, siente y quiere. No postergue sus demandas si éstas son genuinas y reales. No tema a que los demás se molesten por ello, usted vale mucho, hágalo saber a los demás a través de la comunicación. No tema a dar abrazos a quienes tiene aprecio, ellos sabrán que son genuinos y si son rechazados, no se enfade o entristezca, lo importante es que logró expresar amor sin temor y sin esperar respuesta a cambio.

Hacia el distanciamiento

Entendamos que a veces necesitamos darnos el permiso para crecer, para distanciarnos, aunque aquellos que amemos no estén preparados para eso. A veces es necesario abandonar personas con sus sentimientos disfuncionales pues nunca podremos ocupar el lugar de la recuperación. No nos resulta útil ni necesitamos sufrir con ellos. Esas relaciones inadecuadas nos hacen perder el control de nosotros mismos, nos afectan la autoestima y nos causan dolor, resentimiento y culpa.

Merecemos felicidad y paz.

Lo que no es distanciamiento.

El distanciamiento no es una retirada fría u hostil, o la aceptación resignada y desesperada de cualquier cosa que la vida y las personas han puesto en nuestro camino, o un recorrido tipo robot por la vida donde no nos importa nada, o una felicidad disfrazada, o eludir nuestra responsabilidad hacia nosotros o los demás o la ruptura de nuestras relaciones. No es tampoco la eliminación de nuestro amor y preocupación, aunque a veces esto es lo mejor según el daño que nos esté causando.

Lo que es distanciamiento.

Distanciamiento es liberarse, separarse de una persona o de un problema con amor. Lo hacemos en una forma física, mental y emocional. El distanciamiento se sustenta sobre la base de que cada individuo es responsable de sí mismo y que no le corresponde resolver los problemas que no le atañan, preocuparse no ayuda en algo. Es la política de no meternos en las responsabilidades de los demás sino en las nuestras, si alguien comete un error, deberá saber que cada acto tiene sus consecuencias y no somos nosotros quien debemos asumirlas. Distanciamiento es vivir el momento presente, el aquí y el ahora, permitir que la vida continúe sin forzarla o intentar controlarla. Esto requiere fe en Dios, en nosotros mismos, en los demás. El premio a todo es serenidad, paz, capacidad de dar y recibir amor, de forma que aumente nuestra autoestima y energía y la libertad de encontrar soluciones reales para nuestros problemas.

“Esto (el distanciamiento) no significa distanciarse de la persona a la que queremos, sino de la angustia del compromiso”

Bibliografía

Beattie M. Relaciones. Más allá de la codependencia. Promesa. Primera edición: México.1992.

Bowlby,J. El vínculo afectivo. Ed. Paidós.Barcelona,1993.

Klein, Melanie. Nuestro mundo adulto y sus raíces en la infancia. Obras completas.TomoVI. Envidia y gratitud. Ed. Paidós-Horme. Buenos Aires.

Lemaire, Jean G. La Pareja Humana: su vida, su muerte, su estructura. Fondo de cultura económica. México, 1992.